Efemèrides
La Maquinahamlet. Heiner Muller en España
El 10 de enero de 1986 en la Sala San Pol de Madrid – un espacio dedicado desde hace décadas a teatro para la infancia, que en los años ochenta acogió un buen número de grupos que buscaban nuevas formas y contenidos, desde Producciones marginales a La Zaranda - tuvo lugar el primer estreno de una obra de Heiner Muller en España. La compañía Espacio Cero, con una trayectoria de seis años y espectáculos en su haber como El Plauto de Carlos Trías o Cámara lenta de Eduardo Pavlovski, estrenaba La MaquinaHamlet, la obra que Heiner Muller había escrito en 1977 y estrenaría en Francia dos años después.
La dirección escénica corrió a cargo del actor suizo Max Egolf y la valenciana Sefa Bernet, que se había formado en la escuela Jacques Lecoq de París – Bernet preside ahora el grupo de teatro de L’Eliana, en Valencia -. Aurelio Diaz Buly se ocupó de la escenografía y el vestuario. Los actores de Espacio Cero eran Aurora Montero, Chelo Fernández, Chete Lera, Daniel Rocha, David Fernández y Pepo Oliva.
Para cuando se produjo este estreno, Muller era ya una figura de la dramaturgia europea. Se le consideraba el autor más importante de la República Democrática Alemana y desde los años sesenta sus obras circulaban por Europa y Estados Unidos. En 1983 se celebró un Festival Muller en La Haya con nueve obras suyas y en 1984 colaboró con Robert Wilson en la histórica The Civil Wars.
Moisés Pérez Coterillo, en su artículo "LA MAQUINAHAMLET” , palabras como cuchillas, publicado en nuestra revista El Público, advertía del giro que había supuesto este montaje en la trayectoria de seis años de Espacio Cero, una compañía madrileña que había crecido con la dirección del argentino Roberto Villanueva (exilado en España desde 1978), “asumiendo un riesgo inusual al presentar en España el primer espectáculo basado en un texto del dramaturgo alemán Heiner Müller, "La Maquinahamlet", un áspero poema dramático, una meditación exterminadora, un relámpago de lucidez sobre las postrimerías de este siglo. (…) Lo que admira de Espacio Cero es que, sin apearse de la cuerda floja que cuelga sus extremos de los límites de la subsistencia teatral, se hayan adentrado en una travesía sin red por un territorio inexplorado, lleno de señales y advertencias contrarias: La Maquinahamlet, de Heiner Müller, un agrio, hermético, cortante poema de menos de diez folios de texto, que encierra una sobredosis de lucidez en un cepo de palabras afiladas como cuchillas. Y Espacio Cero se ha dejado la piel en el espectáculo. (…) Su paso por la sala San Pol de Madrid ha registrado la presencia de un público importante, si se compara con la audiencia alcanzada por compañías precedentes. Un dato que advierte de la existencia de un sector del público que desea estar informado, que se arriesga a secundar como espectador la aventura que en escena asumen los actores y les acompaña, les entiende y paga a su vez el precio del lento alumbramiento de "otro" teatro, a pesar de la descalificación de la crítica instalada en los medios más influyentes de opinión.”
La crítica no fue favorable a la propuesta, si bien vale la pena destacar que, como ocurría en esos años, se hizo eco de aquel estreno. Haro Tecglen, por ejemplo, dedicó una amplia crítica al espectáculo en el diario El País a esta pequeña producción en una sala del extrarradio, elogiando el trabajo de la compañía, aunque no apreció la calidad de la obra. También se pueden encontrar críticas de otras grandes firmas de aquellos años, como la de José Monleón en Diario 16 o la de Pedro Barea en Deia.
La compañía estaba en un momento de transición, y la puesta en escena adoleció, según los textos que han quedado, de cierta desorientación, de un desencuentro entre los códigos utilizados. Pese a ello, Pérez Coterillo defiende la propuesta: “Para quien esto escribe el último espectáculo de Espacio Cero revela mejor de lo que son capaces y lo que cabe esperar de esta joven compañía que sus anteriores –magníficos- espectáculos. Y en cualquier caso, de estas casi dos horas de representación bien merece la pena guardar como una escena antológica el fragmento final donde el personaje de Ofelia -espléndida Aurora Montero- recita la última maldición de Electra mientras termina envuelta en una mordaza junto con su silla de ruedas. ¿No está en esa escena la clave de otro tratamiento del espectáculo?”
En aquel número de El Público – febrero de 1986 -, Antonio Fernández Lera hacía una revisión de la trayectoria reciente de Muller (“Heiner Muller, un espíritu de nuestro tiempo”) en la que mencionaba la colaboración con Wilson que hemos mencionado: “Mil o dos mil personas, asistentes a la conferencia de Robert Wilson en el Crongrés Internacional de Teatre de Barcelona (primavera de 1985), oyeron hablar –me atrevo a decir que en su mayoría por primera vez- de un gran escritor de teatro llamado Heiner Müller: el dramaturgo cuyos textos poéticos, violentos, alegóricos, desconcertantes, interesan a Wilson hasta el punto de constituir el soporte literario de la parte de THE CIVIL WARS producida en la RFA. Fue el comienzo de una colaboración que lleva a Wilson y a Müller a trabajar juntos en un Alcestis (Eurípides) y en un Rey Lear (Shakespeare) adaptados y recreados en idioma alemán por Heiner Müller. La colaboración Wilson-Müller es el dato más conocido en España sobre este escritor, cuya obra dramática, no obstante, se remonta a los años 50 y tiene una solidez que va mucho más allá de la escribanía de las sorprendentes puestas en escena de Bob Wilson.”
De hecho, cabe reseñar que Maquinahamlet volvió a un escenario de Madrid, al Teatro Albéniz, el 14 de octubre de 1987, dentro de la programación del Festival de Otoño. Fue algo muy diferente: una puesta en escena de Robert Wilson para el Almeida Theatre de Londres.
En palabras de Fernández Lera, “Die Hamletmaschine (La maquinahamlet) es el bombazo de 1977 y años posteriores. Muchos, quizá incluso el propio Müller, consideraron este texto como el final de partida del autor: "No puedo seguir escribiendo de este modo, tengo que comenzar de nuevo ... " De hecho, no ha sido el final de nada, sino más bien, por el contrario, el disparadero de Heiner Müller, que ha escrito desde entonces: La misión (1979-80), pieza con la revolución francesa como telón de fondo, en la que uno de los personajes afirma: "La revolución es la máscara de la muerte. La muerte es la máscara de la revolución"; Quartett (Cuarteto), personalísima adaptación de la novela de Laclos, Les liaisons dangereuses ("La virtud es una enfermedad infecciosa... Tengo miedo de la noche de los cuerpos... Tu cuerpo es el cuerpo de tu muerte, Valmont. Una mujer tiene muchos cuerpos... "); el bellísimo Costa despojada/ Materialmedea/ Paisaje con argonautas (1982) (...) Como puede verse, las editoriales españolas tienen dónde escoger, pero manifiestan un culpable desinterés hacia una de las literaturas dramáticas más impresionantes de la escena actual. La maquinahamlet, una comedia según su autor, fue escrita, como ya se ha dicho, en 1977. Su estreno mundial tuvo lugar dos años después en el Teatro Gerard Philippe de Saint Denis, en las proximidades de Paris, el 30 de enero de 1979. Fue recibido por el crítico de "Le Monde" Michel Cournot con estas palabras: "Esta velada es un acontecimiento. Para los lectores de provincias que ahora no puedan ir a Saint-Denis, precisemos que Mauser, Maquinahamtet, los textos El padre y Aviso de defunción y otros escritos de Heiner Müller acaban de ser publicados por Les Editions de Minuit en un volumen que cuesta 15 francos. El escritor alemán del Este Heiner Müller se anuncia como un espíritu esencial de esta época."
Fernández Lera fue coherente con la crítica que dejaba en el final de su artículo: en ese mismo año se publicó la obra en la colección Cuadernos de Cantiga, numero 3 1986, una iniciativa del propio Fernández Lera. Figuraban como autores de la traducción Antonio Fernández Lera, Max Egolf y Sefa Bernet. Este pequeño cuaderno de 19 páginas es hoy una pieza para coleccionistas. La misma traducción fue publicada en la revista Primer Acto, en su número 221, de noviembre – diciembre de 1987.
Los textos de Muller han conocido diferentes ediciones en España. En la Biblioteca del CDAEM se pueden encontrar, entre otros, el volumen publicado por ADE que contiene Cemento, La batalla, y Camino de Wolokolamsk; el volumen de Hiru que contiene Germania, muerte en Berlín y otros textos; Prometeo, editado por el Centro Dramático Nacional; o el teatro escogido pueblicado por Primer Acto, una selección del traductor Jorge Reichmann. E incluso aquel primer cuaderno de 19 páginas editado en 1986 por Antonio Fernández Lera. También, hasta catorce grabaciones en vídeo de puestas en escena de obras de este autor pueden consultarse en los fondos del CDAEM.




