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La inmensidad de Rodero

Madrid, 26.12.1922
La inmensidad de Rodero
El pasado 26 de diciembre, el actor habría cumplido 100 años

José María Rodero nació en Madrid, el 26 de diciembre de 1922. Contaba que fue el último soldado de la República, pues estaba en la defensa de Madrid a sus 16 años, en la primavera de 1939. Contaba también que un día, acabada la guerra, siguió por la calle a una muchacha que le pareció muy bonita hasta la misma puerta del Teatro Español. La muchacha trabajaba de meritoria y el joven de apenas 17 años se dijo “¿por qué no?”. Y así participó en la primera producción del Español de Felipe Lluch, de título bastante explícito, España, una, grande y libre. En el Teatro Español comenzó a moverse por un escenario: Garcilaso de la Vega, La Celestina (1940) El patio, La casa de la Troya, La losa de los sueños, Las mocedades del Cid, Víspera (1941). En el Español va a conocer al actor que considerará siempre como su maestro, Francisco Melgares (1905 – 1951) Paco Melgares forma compañía en 1941 y se lleva al joven José María, que con 19 años ya no ve otro horizonte en su vida que no sea la carrera de actor. , Los hijos de la noche (1941); Ella, él y un pobre hombre (1942). Se convierte en un galán joven que participa en los estrenos de las primeras actrices Elvira Noriega y Ana María Noé y en 1944 entra por primera vez en un reparto del Teatro María Guerrero, Traidor, inconfeso y mártir, dirigido por Luis Escobar y Huberto Pérez de la Osa, con Elvira Noriega en el reparto. Escobar contará con él en los años siguientes: El anticuario, Miss Baa, Plaza de Oriente, El beso de la bella durmiente, El mundo será tuyo, El vergonzoso en palacio, Crimen y castigo, Después de la niebla… en 1949 es Luis Mejía en el célebre Tenorio con decorados y figurines de Dalí. Y sigue su carrera en la compañía del María Guerrero: Electra, Historias de una casa, Ardele o la Margarita, Barriada, El calendario que perdió siete días, El landó de seis caballos… Y en 1950 llaga uno de sus grandes triunfos: En la ardiente oscuridad, del joven autor Antonio Buero Vallejo. Han pasado solo diez años desde el día en que entró como meritorio y es ya una figura imprescindible de la escena.

Su carrera seguirá vinculada al Teatro María Guerrero: La cruz del alba, La vida es sueño, El desdén con el desdén, La dama boba, Siempre, Buenas noches, Cocktail party, La plaza de Berkeley, Las maletas del más allá… con la salida de Escobar de la dirección del María Guerrero, Rodero va a volver, ahora como primer actor, a su origen, el Teatro Español; primero, para hacer dos obras de teatro de cámara con el joven director José Luis Alonso: Colombe, de Anouilh, y Soledad, de Unamuno.  Después estrenará Eva sin manzana, de Jaime de Armiñan, con otro joven director: Gustavo Pérez Puig.

En los años 50 compagina trabajos en el Teatro María Guerrero que dirige José Luis Alonso – Irene o el tesoro, La casa de la noche, La puerta estaba abierta, La rueda… - con otros tan importantes como el estreno de La herida luminosa, de José María de Sagarra, en el Teatro Lara, en 1955. En 1957 vuelve a las órdenes de Luis Escobar en su nuevo proyecto, el Teatro Eslava: Anastasia, La Celestina, Angelina o el honor de un brigadier… Termina la década montando su propia compañía y produciendo obras como Enviada Especial, Esta noche es la víspera, Yo traigo la lluvia o La feria de Cuernicabra, de Alfredo Mañas, en 1959.  

En 1960 vuelve a encontrarse con Pérez Puig para montar El laberinto, de Trevor, en el Maravillas, y al año siguiente con Angelina, de Jardiel, en los jardines de El Retiro, más Una tal Dulcinea, en el Recoletos. En aquel 1961 tiene un gran éxito la comedia La idiota, que protagoniza con Analía Gadé, dirigido por Osuna. Y dirigido por Osuna va a ofrecer uno de sus más brillantes trabajos en 1962: El concierto de San Ovidio, de Buero Vallejo.

En 1963, José Tamayo ofrecerá a Rodero otro de sus grandes papeles: Calígula, de Albert Camus. Con Tamayo hará Rodero El caballero de Olmedo, La cena del Rey Baltasar, Julio César, El sombrero de tres picos, El caballero de las espuelas de oro, Los intereses creados, Los siete infantes de Lara, o El tragaluz, de Buero Vallejo, que supera las 500 representaciones…

En 1965 comienza a emitirse en Televisión Española el espacio dramático Estudio 1. Rodero se va a convertir en el protagonista inolvidable de adaptaciones como Calígula, El concierto de San Ovidio, Las meninas, El caballero de las espuelas de oro, Los emigrados, Doce hombres sin piedad… la popularidad que le había negado el cine se la va a dar multiplicada aquella televisión de share 100% de los años sesenta. En pago, Rodero ofrece la misma excelente calidad de sus interpretaciones teatrales para cualquier hogar de nuestro país.

Los emigrados, junto a Agustín González, será uno de sus éxitos de los años setenta, años en los que combina la reposición de viejos éxitos, como Los intereses creados o Calígula, con novedades como Quédate a desayunar, coprotagonizado con Marisol. Terminará esa década con uno de los mayores éxitos de su carrera, un nuevo salto mortal: Historia de un caballo, que también sería uno de los mayores triunfos de su director, Manuel Collado.

La década de los ochenta le depara tres estrenos inolvidables: en 1983 abre temporada del Centro Dramático Nacional con El veneno del Teatro, de Rodolf Sirera, dirigido por Emilio Hernández, junto a su querido Manuel Galiana. En 1984, en París, comienza la histórica gira del Centro Dramático Nacional de Luces de Bohemia, dirigida por Lluís Pasqual con Rodero como Max Estrella.  En 1985, Tamayo vuelve a contar con Rodero para hacer Enrique IV de Pirandello. Aún antes de terminar la década, Hernández cuenta con Rodero para El hombre deshabitado, de Rafael Alberti.

En mayo de 1990 acude a la llamada de su viejo amigo Gustavo Pérez Puig para su primer estreno como director del Teatro Español, Las mocedades del Cid, de Guillén de Castro. Tras este clásico, se prepara para un nuevo salto mortal, el papel de un viejo travestido en la obra Hazme de la noche un cuento, de Jorge Márquez, dirigido de nuevo por Collado. Rodero pone todo su entusiasmo en el proyecto, pero en el ensayo general se tiene que retirar, se encuentra enfermo. Lo sustituye a toda prisa Manolo Andrés. La obra se estrena el 9 de mayo de 1991, con Rodero atento al estreno desde el hospital. El actor fallece cinco días después.

Ha sido medio siglo sobre los escenarios y un centenar de estrenos. De su trabajo queda testimonio en los Estudio 1 que ofrece RTVE desde su web y en las grabaciones de obras como El veneno del teatro, Luces de bohemia, Enrique IV o Las mocedades del Cid, a las que se puede acceder desde nuestra Teatroteca. Estas herramientas se manifiestan hoy más valiosas, cuando se piensa que ya hay dos generaciones de espectadores que no pudieron ver a este gigante sobre los escenarios.