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ALFONSO PASO Y LA CENSURA: UNA RELACIÓN COMPLICADA

José Payá Beltrán

Página 3

Alfonso Sastre desmonta el concepto de imposibilismo arguyendo que hay un teatro momentáneamente imposibilitado que, con el tiempo, puede llegar a ser posible, es decir, a estrenarse. En cuanto a la propuesta de Alfonso Paso, Sastre insiste en que “es posible actuar profesionalmente sin suscribir el pacto. Lo que no es posible… es alojarse cómodamente en la profesionalidad”. Según Sastre, cuando un autor se profesionaliza y estrena varias obras en el circuito comercial está anulando la eficacia de ese pacto. Podría hacerlo en circuitos más incómodos (de Arte y Ensayo, por ejemplo) y, desde luego, de menor rango económico. Si opta por el circuito profesional es porque busca una ganancia económica que, de otro modo, no obtendría.

Alfonso Paso no respondió al envite e, imaginamos, prefirió contestar escribiendo y estrenando comedias. Años después, volvía a la cuestión en una entrevista con Isasi Angulo (1974: 166): “Este mi posibilismo que ha sido tan criticado, no es posibilismo, es negativa del imposibilismo como una actitud estética. Yo me he negado a hacer muchas cosas porque me parecían abrumadoramente estúpidas”.

Sin embargo, Antonio Buero Vallejo sí contestó en el artículo “Obligada precisión acerca del imposibilismo”, aparecido en Primer Acto (agosto 1960, n. 15). La discusión se zanjó en un segundo artículo de Alfonso Sastre, “A modo de respuesta” (octubre 1960, n. 16, Primer Acto), que no obtuvo respuesta ni de Alfonso Paso –desplazado ya de la cuestión– ni de Antonio Buero Vallejo. Santos Sanz Villanueva (1991: 257) concluía años después:

Sastre termina por afirmar que “la postura posibilista pueda ser el caldo de cultivo en que se desarrollen enmascaradas actitudes conformistas”. El imposibilismo predicado por Sastre se convirtió, por lo que se refiere a su propia obra, en una imposibilidad real de llegar a los escenarios.

Basta con echar una somera mirada a los estrenos de ambos dramaturgos durante este periodo. Mientras Antonio Buero Vallejo estrena casi todas sus obras –salvo contadas excepciones–, Alfonso Sastre apenas estrena sus piezas, pues son prohibidas por la censura. Analizada la polémica y las posiciones de los tres dramaturgos con la distancia temporal que nos proporcionan más de cincuenta años, advertimos que Alfonso Paso no pudo llevar adelante su proyectado pacto con el público, pues muy pronto fue absorbido enteramente por él y por –no hay que negarlo– la tentación del éxito fácil y las ganancias económicas. Tampoco Alfonso Sastre consiguió lo que se proponía. Muy reconocido entre los críticos, apenas su obra pudo verse en los escenarios españoles y, por tanto, como diría Alfonso Paso, fue un autor poco eficaz. Su “griterío” imposibilitó el estreno de sus obras y la revolución teatral que tanto había pregonado se vio truncada al no existir (al no ser escenificadas) las piezas que podían haberla hecho posible. Únicamente Antonio Buero Vallejo, pese a las concesiones admitidas por él mismo y a las críticas (tal vez demasiado vehementes) de un sector de la intelectualidad de la época, ha permanecido como ejemplo de autor teatral pleno, sin claudicar por entero al gusto más comercial ni inclinarse hacia experimentos radicales.

Cuatro y Ernesto

El melodrama satírico en dos actos Cuatro y Ernesto subió a los escenarios del Teatro Alcázar de Madrid el 28 de septiembre de 1960 (Fig. 17). Hay un momento de la obra que nos sorprende: uno de los personajes esnifa cocaína en escena. ¿Sería muy exagerado decir que la alusión tan explícita a esta droga aparecía por vez primera en el teatro español de la postguerra? Pensamos que la ubicación de la obra en Estados Unidos (“a las afueras de Buslow Hill, una pequeña ciudad norteamericana a 42 kilómetros de Canadá”) evitó que fuera censurada3. En el expediente de censura –la obra fue presentada el 16 de abril con la intención de estrenarla a “mediados del próximo mayo”–, apreciamos que a los censores –Montes y José María Cano, en esta ocasión– no les importó la actitud de este personaje ni su condición de cocainómano, pues no pusieron ningún reparo. Sin embargo, pusieron más inconvenientes en la de Ernesto, el policía: “para que el policía no quede como un sinvergüenza, que parezca que se vale de su oficio, convendría realizar algunos cambios en sus últimas palabras”, escribió José María Cano. Se aprobó sin más modificaciones el 27 de abril, autorizándola exclusivamente para mayores de 18 años.

Un 30 de febrero

Era lógico suponer que la historia que se escenificaba en Un 30 de febrero no agradara a los censores. Violeta (cuyo verdadero nombre es Pepa) es una joven que llega a Madrid con el deseo de triunfar y termina convertida en la amante de un señor burgués, religiosamente casado y muy decente. Los padres de Violeta llegan a Madrid inesperadamente y, lejos de reprocharle el modo de vida de su hija, se aprovechan para sacar partido de la situación. Con estos mimbres no es raro suponer que la comedia fuera rechazada por la Junta de Censura, a la que se presentó el 12 de junio de 1963, dieciséis días antes del estreno en el Teatro de la Comedia, de Madrid (Fig. 18, Fig. 19). La consulta del expediente nos permite apreciar que Alfonso Paso realizó cinco versiones diferentes (con múltiples pasajes eliminados y enmendados) antes de que la obra fuera definitivamente autorizada. Pasó por cinco censores: el Padre Jorge Blajot la prohibió –“Mientras este planteamiento no se rectifique, la obra no puede autorizarse”–; el crítico Arcadio Baquero Goyanes la autorizó, aunque únicamente para mayores de 18 años, y con una docena de enmiendas; el Padre Luis G. Fierro también la prohibió. El día 21 de junio se volvió a presentar, con modificaciones, y de nuevo fue rechazada. Lo mismo ocurrió el día 25 de junio, tres días antes del estreno. Finalmente, fue autorizada el día 27 de junio –el día previo al estreno–, aunque con la reserva del visado del ensayo general y una vigilancia especial a los “atuendos” de los personajes de las prostitutas.

Alfonso Paso, tras el estreno, insistió en que la obra, con los cortes, “quedaba esquemática y, por momentos, incoherente”. Por ello escribió una carta (fechada el día 10 de julio) dirigida al director general de Cinematografía y Teatro, donde se pedía la inclusión de algunas partes eliminadas. Siete días después, el director general respondía y desestimaba el ruego de Alfonso Paso al mantener el dictamen acordado por la Junta de Censura.

La solución, nunca / La solución, ¿nunca?

La solución, nunca / La solución, ¿nunca? (pues ambos títulos aparecen en su expediente) fue prohibida por la censura en tres ocasiones y permanece inédita y sin estrenar. El expediente de censura está compuesto por dos versiones de la comedia, en folios mecanografiados, de 95 páginas. El elenco de personajes lo formaban tres mujeres y cinco hombres. Gracias a uno de los censores –el reverendo Padre Fierro–, conocemos el argumento de esta comedia:

Ramón y Ángela viven amancebados veinte años. Cuando van a casar a su hija, se descubre. Ramón, que iba a ser alcalde, queda difamado ante la ciudad entera. Le retiran el nombramiento, el saludo y el oficio.

El obispo y el Padre Esteban tienen opiniones encontradas sobre la ley de la indisolubilidad del matrimonio y Ramón, ante la rectitud del obispo, dice: “me humillo, pero tengo razón”, que es el tema de la obra.

No queremos extendernos mucho, pues ya comentamos las peripecias de esta comedia en un artículo anterior (2019). Solo cabe señalar que Alfonso Paso se mostró especialmente molesto por la prohibición censora, y así el día 22 de octubre, escribió y firmó una carta dirigida a José María Ortiz, defendiendo su comedia:

Niego y niego y negaré mil veces que yo ataque la indisolubilidad del matrimonio. Únicamente pretendo hacer ver que existen casos de excepción. Para los que fatalmente viven al margen del sacramento, tal estado es muy duro y pretenden preguntar a la Iglesia: ¿qué hacemos?

El autor no convenció a los censores y la obra se prohibió definitivamente. Hoy en día aún permanece inédita.

Las separadas

No menos problemas sufrió Las separadas, que, sin embargo, sí pudo ser estrenada el 13 de noviembre de 1963 en el Teatro Club Recoletos, de Madrid (Fig. 20). Tal vez se trate de una de las comedias que más quebraderos de cabeza dio a su autor en su paso por la Junta de Censura.

En el diario Arriba, Francisco García Pavón, en la crítica pertinente tras el estreno, la describe así:

Trata de demostrar, hasta la reiteración más machacona, que buena parte de las mujeres que se separan de sus esposos (previa provocación por ellas mismas de esta situación y, por supuesto, con una conducta antes y después de la separación que deja mucho que desear) estafan a los maridos, que una vez descasados, han de seguir manteniéndolas. (Álvaro, ed., 1963: 135-140)

La obra fue presentada a la censura el 25 de septiembre. Los dos primeros censores –Reverendo Padre José María Artola y Víctor Aúz Castro– la prohibieron. Ambos vieron en la comedia una obra “en clave” en la cual, bajo otros nombres, se ponía en escena y se criticaba a personas reales del ambiente cultural del Madrid de la época. Así, el primer censor señaló “la coincidencia del personaje de Paso, Pochola, Marquesa de Albar, con cierta dama, bien conocida, en los medios intelectuales de Madrid”. Sin embargo, el censor intentaba quitar hierro al asunto: “pero estas semejanzas son casuales. Insisto en la inadvertencia fortuita e involuntaria de don Alfonso Paso”. Por su parte, el segundo censor, vio algo más que casualidades:

una serie de personajes perfectamente identificables como personas del mundo de las letras y las artes de Madrid, a las que Paso no tiene ninguna simpatía: Lilí Álvarez (Pochola), Alfonso Sastre (Manuel), su propia mujer (Chova). (…) Me parece la obra un cúmulo de falsedades y de morbosidades y sensacionalismos4.

La obra fue prohibida y devuelta a su autor, que debería:

suprimir todo lo que pueda dar lugar a identificar los personajes con personas conocidas, todo lo relativo a lesbianismo imputable a uno de sus personajes y aligerar y limpiar la obra de su excesiva carga de inmoralidades.

Tras los cambios pertinentes, se procede a una segunda lectura a la que se suman dos censores más: los críticos Adolfo Prego y Arcadio Baquero. Estos autorizan la obra, así como Víctor Aúz Castro. El Reverendo Artola insiste en su prohibición. Sin embargo, la obra se autoriza definitivamente el 11 de octubre. Es una lástima que permanezca inédita y que no podamos apreciar qué y cuánto quedó de la “obra en clave” tras los cambios realizados.

Guapo, libre y español

No pocos problemas supuso la autorización de la comedia Guapo, libre y español, que subió a las tablas el 13 de mayo de 1964 en el madrileño Teatro Marquina (Fig. 21).

El argumento de esta comedia –cuya “acción transcurre en un Archiducado que probablemente no existe, bajo el mandato de una Archiduquesa que posiblemente no ha existido nunca”– da idea de la locura y el precipicio al que se iba acercando peligrosamente Alfonso Paso: Juan, un español que sobrevive como puede en un imaginario país centroeuropeo, no quiere renunciar a su libertad y se niega a casarse con una noble de aquel país. Desesperado, se finge homosexual para huir de la boda, pues no le apetece pasar el resto de su vida en una hermosa jaula dorada.

En esta ocasión Alfonso Paso no defiende a la familia, sino la huida de los “grilletes” matrimoniales. Incluso se atreve a poner en boca de su protagonista un recordado: “En mi hambre mando yo”.

La crítica la vapuleó, entre otras cosas porque en esta ocasión el propio autor se lo puso en bandeja de plata. Además, si pretendía ser divertida, tampoco lo consiguió y la obra ni siquiera alcanzó el mes de permanencia.

La obra fue presentada el 2 de marzo de 1964. El 18 de marzo fue prohibida, entre otros motivos “por la inmoralidad que rezuma la primera parte”, escribió el censor Bautista de la Torre. En esta primera versión, la comedia lleva el título de ¡Libre! y el protagonista trabaja como fotógrafo en Inglaterra. Alfonso Paso entrega una segunda versión –en esta ocasión el título original ha sido tachado y se ha añadido uno nuevo, con bolígrafo azul: Guapo, libre y español; y en el interior del original se aprecian una docena de enmiendas–. Creemos que, con la inclusión del gentilicio, Alfonso Paso pretendía “ablandar” el criterio de la Junta de Censura. Sin embargo, no funcionó y la prohibición se ratificó el día 15 de abril. Siete días después, Alfonso Paso envía una tercera versión “y un informe, escueto pero expresivo, dirigido al Pleno dando cuenta de todos los arreglos, modificaciones, cambios y supresiones” –escribe el autor en una carta a José María Ortiz, Director General de Cinematografía y Teatro, Sección Teatro. Hemos contabilizado 30 cortes o modificaciones en el Acto I y 11 en el Acto II. Finalmente, la obra es autorizada el día 6 de mayo –una semana antes del estreno–, con el requisito previo de visado del ensayo general. Además, el autor tuvo que solicitar permiso para citar el nombre del Embajador español. El Ministerio de Asuntos Exteriores autorizó la utilización del nombre.

 

Segundo inciso: Alfonso Paso contra los críticos

Si los censores castigaban las obras de Alfonso Paso con sus continuas prohibiciones, no debemos extrañarnos si este arremetía contra ellos. Sobre todo destaca un extenso texto publicado en 1971 que servía como prólogo a al volumen Teatro selecto, publicado por la editorial Escelicer. Sus críticas van dirigidas principalmente contra Enrique Llovet, crítico, dramaturgo y también censor. El texto es extenso, pero no nos resistimos a citarlo aquí (Paso, 1971: 67-68)

(…) Se habían producido ciertas divertidas anomalías en la vida cultural y teatral española. En 1962 llegó al Ministerio de Información y Turismo Manuel Fraga Iribarne, hombre culto a la moda, de indudable talento, que sentía una admiración vivísima por Claudel –lo cual ya es sospechoso–, y que estimaba como una de las obras más importantes del repertorio mundial El zapato de raso, inefable ladrillo que nos hizo tragar, quisiéramoslo o no, en el Teatro Español, de Madrid.

(…) ABC incorporó como crítico teatral a un ilustre diplomático y magnífico articulista, Enrique Llovet, y todo el país, en sus sectores culturales e intelectuales se vio sometido al cortocircuito europeo. En España, nuestra cultura popular de entraña y raíz antiquísimas, de extracción eminentemente baja y populachera si se quiere, sufre con intervalos más o menos frecuentes lo que yo llamo el cortocircuito europeo. Por determinadas circunstancias, un grupo de hombres educadísimos, cultos, viajeros y superletrados, se hizo con el poder cultural en la nación. Acto seguido arremetió contra la tradición popular pretendiendo hacer que el pueblo, o sea, el público, comulgara con ruedas de molino. Si el Ministerio de Información y Turismo estaba en manos de Fraga Iribarne, y el ministerio de ABC, perdóneseme la broma, en manos de Llovet –son amigos íntimos–, lo que a mí me esperaba estaba bien claro. Autor yo, vinculado a la tradición popular del teatro español, autor de rabiosa comunicación directa con el pueblo y con el público, mi destino era ser tachado de inculto, soez, regresivo y conformista por los productores del cortocircuito. Así ocurrió. Se levantó la veda de Alfonso Paso y se inició su gran cacería. Paso era el opio del teatro y empezaron a darle al tambor con Adamov, Brecht, Gorki, etc.

(…) Llovet salió de ABC (marchó a Informaciones) a causa de un litigio con el autor Emilio Romero, y acto seguido se hizo muy amigo mío.

Tampoco se anduvo con tapujos a la hora de arremeter contra otro prestigioso crítico: Lorenzo López Sancho.

(…) El sucesor de Enrique Llovet en la crítica teatral de ABC fue y es Lorenzo López Sancho, un leonés muy culto a quien no sé por qué, o sí sé por qué, pero me lo callo, expulsaron en ABC en 1962, cuando el cortocircuito a que aludí antes. Era entonces en ABC crítico de fútbol. (…) Lorenzo López Sancho marchó a París como corresponsal de La Vanguardia y retornó luego llamado por el director de ABC. (…) Su estilo es tan agresivo, tan acre, tan hiriente y tan insultante como el de Llovet, pero tiene mucha menos gracia. Por todos conceptos, este parisino adoptivo resultaba, al frente de la crítica, un cortocircuito con incendio, explosión y catástrofe sucesivos. (…) Lo que López Sancho quería era que yo no estrenara, no que no escribiera. El lector avisado se preguntará. ¿Para estrenar él? Y yo digo: ni siquiera. Simple y llanamente por hacer “la cusqui” (…) en un insano placer por desmontar el mito de representatividad española. (Paso, 1971: 70)

Como ya hemos comentado, Alfonso Paso se defendió siempre que tuvo oportunidad de hacerlo; y un hombre tan popular y mediático como él dispuso de muchas oportunidades.

El cielo abierto

Inédita y no estrenada, al menos en España, la comedia en dos actos El cielo abierto fue presentada a la Junta de Censura el 7 de febrero de 1966, siendo prohibida de manera reiterada. El original consultado, junto al informe de censura, es un ejemplar mecanografiado, en tamaño folio, que consta de 94 páginas: Acto I (46 pp.) y Acto II (48 pp.). La intención era estrenar la obra el 25 de febrero en el Teatro Principal de Valencia. Realizamos un análisis más detallado de la obra en un artículo anterior (Payá Beltrán, 2019).

Mediante el informe de los diversos censores que leyeron la obra sabemos que los protagonistas eran un proxeneta, Juan, y una muchacha masoquista, Rita. El argumento giraba en torno a la vida frívola de un grupo de turistas en la playa: degradación sexual, vicios… Frente a ellos, encontramos la fuerza y el fanatismo político de un violento sargento de la Benemérita.

Desgraciadamente los nombres de los censores que leyeron la comedia son ilegibles. Ambos prohíben la comedia si el autor no suprime una docena de momentos y, sobre todo, si la obra no “rebaja o suprime las alusiones al masoquismo de Rita”. Además, la pieza es “una pintura absolutamente falta de verosimilitud y calumniosa de los dos representantes de la Guardia Civil”.

Alfonso Paso realiza una segunda versión que tampoco satisface a los censores, quienes la vuelven a prohibir de modo definitivo el 22 de febrero de 1966.

Soledad no estuvo tan sola

Como ya ocurriera con la primera obra que hemos comentado en este artículo, a pesar de obtener el beneplácito de la censura para su estreno, Soledad no estuvo tan sola no subió a los escenarios españoles.

El 18 de noviembre de 1966, Tirso García Escudero, empresario del Teatro de la Comedia, presentó la obra a la Junta de Censura, sin indicar la posible fecha del estreno. En el expediente hemos encontrado un ejemplar mecanografiado, en folios, que consta de 110 páginas: Acto I (57 pp.) y Acto II (53 pp.). El ejemplar no tiene ninguna tachadura ni enmienda y define la pieza como “obra en dos actos, el segundo dividido en dos cuadros”. Este es el argumento de la comedia: Hilario y Anselmo llevan viviendo en la pensión de Soledad más de veinticinco años. Los dos hombres mantienen una relación íntima con la dueña. Ella queda embarazada y el problema es: ¿de quién es el hijo puesto que, además, ambos cohabitaron con ella el mismo día?

Ante semejante propuesta es obvio que los censores reclamaran supresiones y enmiendas. V. Dodero escribió: “Hallamos en la obra la constante alusión al acto sexual y la manía del autor por presentar como hipócrita odioso a toda persona de alguna respetabilidad social y como simpático al cínico o al demagogo”.

Los lectores que lo deseen pueden consultar el artículo ya citado (2019), donde se comentan más detalladamente las peripecias censoras.

Pepe Story o La historia de Pepe

Tampoco llegó a subir nunca a los escenarios nacionales la comedia Pepe Story o La historia de Pepe, que fue presentada a la Junta de Censura el 17 de septiembre de 1968 con la intención de que fuera autorizada para ser representada por la compañía de Pepe Rubio en el Teatro Club Recoletos el 16 de octubre de 1968.

De los diecisiete censores que conformaron el Pleno, únicamente cuatro de ellos dieron su conformidad, siempre que la obra sufriera modificaciones y enmiendas. Por tanto, el día 15 de octubre (¡un día antes del estreno programado!) el Jefe de Negociado de Licencias, el periodista don Manuel Fraga de Lis, la prohibió. Y nunca ha sido estrenada.

El armario

En Historia y antología del teatro español de posguerra (VI: 67) los autores comentan que el argumento de El armario –estrenada en el madrileño Teatro Arniches el 6 de abril de 1969– es “una de las mejores ocasiones para entender meridianamente la tesis capital de este último teatro de Paso”. Esta tesis consiste en la censura de la hipocresía moral de la sociedad burguesa española de los años del desarrollo económico. Esta hipocresía pone en peligro la felicidad del individuo y la estabilidad de aquel matrimonio que no esté basado en la recíproca sinceridad, sin las convencionales caretas.

El armario del título simboliza el subconsciente al que aludía Sigmund Freud y que conforma nuestra auténtica personalidad, formada por los deseos no realizados. Unos deseos que son, según Freud y el propio Alfonso Paso, predominantemente sexuales. El armario es, pues, el receptáculo de las frustraciones sexuales de los protagonistas que son también las nuestras como espectadores/lectores.

A la crítica le gustó –aunque sin vehemencia, claro–. Los más vieron una recuperación del autor, un intento cabal, serio y reflexivo de volver a un teatro equilibrado y estructurado (Fig. 22). Muchos no compartieron las ideas del comediógrafo y otros insistieron en la obsesión del autor por el sexo como tema único y omnipresente de sus últimas obras.

El armario está en la línea de sus mejores producciones escénicas. Es una obra escrita con gran sobriedad dialéctica, de la que surge un mundo rico en imaginación. Estamos ante una comedia al margen de ese chorro de disparates que este prolífico autor habitualmente nos ofrece; estamos ante una obra sin ordinarieces ni tópicos sociales, estamos ante una obra bien dialogada, limpiamente dialogada, en la que una serie de problemas muy importantes entran en juego con alegría dramática y precisión de conceptos (Díez Crespo, de El Alcázar; cit. Álvaro (ed.) 1969: 42-47).

Sin embargo, el “chorro de disparates” no iba a cesar y el autor no tardaría en dinamitar su (medio) recobrado prestigio en los títulos siguientes.

En el expediente de censura consultado hemos hallado tres originales mecanografiados en tinta verde, tamaño folio. Se presentó el día 11 de julio de 1968 y en un primer momento fue leída por tres censores: Elorriaga y Suevos, que la autorizaron, aunque con una gran cantidad de enmiendas y tachaduras; y Díez Crespo, que la prohibió. Curiosamente el mismo que tras su estreno tanto la alabaría desde El Alcázar.

En agosto fue leída por otros dos censores, Juan Emilio Aragonés y el reverendo Artola, que la autorizan, pero con numerosas enmiendas. Así pues, la obra se autoriza el 6 de agosto de 1968, siempre que el autor realice las modificaciones propuestas, que incluyen la eliminación de seis páginas completas del original (donde aparecía una escena de lesbianismo). Once días después, Alfonso Paso interpone un recurso donde suplica que la obra sea de nuevo revisada y la supresión de las seis páginas sea levantada.

La obra, entonces, se presenta al Pleno de la Junta de Censura, que tarda medio año en manifestar su parecer. Diez nuevos censores leen la comedia y mantienen las supresiones y enmiendas. El último en leerla es Federico Muelas, el 8 de abril de 1969, ¡dos días después del estreno! Debemos deducir, por tanto, que Alfonso Paso estrenó la comedia tras suprimir y enmendar lo propuesto; y por ese motivo el expediente de recurso quedó interrumpido.

Juan Emilio Aragonés, uno de los censores, escribió en su informe: “Estamos ante una de las mejores obras de Paso. Suprimo la escena lésbica íntegra”.

La noche de la verdad (Flash back, flash forward)

La noche de la verdad (Flash back, flash forward), que se estrenó en el Teatro Carlos Arniches, de Madrid, el día 23 de marzo de 1970 (Fig. 23, Fig. 24), fue presentada a la Junta de Censura el 17 de febrero, con la intención de estrenarla el 17 de marzo. Tres son los censores que leen la comedia y todos dan su autorización, siempre que el autor se avenga a los cambios propuestos. Juan Emilio Aragonés comenta: “Hay escenas de cama y barruntos de perversión sexual”; “excesiva proclividad a la obsesión de Paso”. Martínez Ruiz pone atención en “todas las excrecencias morales”. El tercer lector es De la Torre. Aunque la comedia se autoriza el 3 de marzo, previo visado del ensayo general, y poniendo especial atención en que “la camarera aparezca en escena vestida con traje que responda a su condición de tal, nunca en combinación o en traje de baño”, se pide, el día 12 de marzo, la conformidad del Subdirector General de Espectáculos debido a que en la obra se encuentran “toques de evasión lesbiana y alusiones al Opus Dei”. La resolución debe ser con carácter de urgencia debido a la proximidad de la fecha del estreno. Sin embargo, se hace oídos sordos a dicha urgencia y el día 18 de marzo se entregan los ejemplares a don José María Ortiz y al asesor religioso, quienes la autorizan definitivamente el 20 de marzo. De tal modo que el estreno hubo de ser retrasado una semana de la fecha prevista inicialmente.

Cuatro secretos de alcoba

Cuatro secretos de alcoba es otra de las comedias de Alfonso Paso prohibidas por la censura. Todos los datos sobre esta comedia están extraídos del expediente de censura. El original indica que es una obra en dos actos, protagonizada por seis personajes (tres hombres y tres mujeres), mecanografiada en 72 folios. En el expediente se conservan dos ejemplares.

La obra fue presentada a la Junta de Censura el día 19 de diciembre de 1970 con la intención de representarla el 12 de enero de 1971 en el Teatro Cómico de Madrid, por la compañía formada por Lilí Muraty, Carmen G. Maura, Pedro Valentín, María Isbert, Enrique Navarro y Carlos Casaravilla; todos ellos dirigidos por Víctor Andrés Catena.

El 22 de diciembre tres censores rechazaron la obra y dos la autorizaron, aunque con algunos cambios. Ante la disparidad de opiniones, la comedia fue llevada al Pleno de la Junta de Censura, donde la leyeron diecisiete censores. Once dictámenes fueron negativos y, por tanto, la obra fue prohibida el día 29 de diciembre de 1970. También Berta Muñoz Cáliz (2005: 151) se hace eco de esta prohibición.



3 En obras posteriores volverá a mencionar el consumo y tráfico de cocaína (por ejemplo, en El cardo y la malva, estrenada también ese mismo año, esta vez ambientada en Madrid; prueba de que el consumo de drogas existía, aunque el régimen del general Franco insistiera en que España era un paraíso)
4 Elia María González-Álvarez y López-Chicheri (1905-98), conocida como Lilí Álvarez, fue una afamada tenista española durante los años veinte y treinta: fue semifinalista en tres ocasiones en el torneo de Wimbledon y la primera mujer española en unos juegos olímpicos (París 1924). Casada con el conde de Valdéne, un aristócrata francés, se separó de él y regresó a España en 1941, donde se convirtió en un referente de la vida cultural madrileña, escribiendo sobre asuntos femeninos y religiosos. Fue gran amiga de la escritora Carmen Laforet.