La censura franquista en el teatro frívolo español: la revista
Juan José Montijano RuizPágina 4
TERCERO. Y, en fin, en otra sección de la mencionada revista que denominan “puyazos” (se refiere a las bulerías del “¡Ay qué tío!” cuyo estribillo decía: “¡ay, qué tío, ay qué tío, qué puyazo le ha metío”, ya que, la gracia andaluza hacía sustituir, al corearlas, la “u” por una “o” en la palabra “puyazo”) es el equívoco más desvergonzado, en consorcio con música tentadora, el que se utiliza en la letra de cuplés, con marcada intención obscena, que invade y envuelve al público en un ambiente de vicio impuro, sólo comparable al que en la época de pleno paganismo afectó y corrompió a la Humanidad. Por todo ello, la revista en cuestión merece ser enmarcada en la censura o dictado de abiertamente inmoral y escandalosamente obscena.
Por lo cual, en uso de Nuestra autoridad ordinaria y en cumplimiento de Nuestro deber, condenamos la citada revista La Blanca doble, bajo pecado mortal, que incurrirán los que la exhiben y los que la presencian. Asimismo, llamamos la atención al periódico católico El correo de Andalucía sobre el cumplimiento del deber estrictísimo de conciencia que pesa sobre él de no anunciar, en modo alguno, revistas, películas o representaciones públicas como esta que hoy condenamos, arrastren innumerables almas al pecado. Hemos querido aprovechar esta oportunidad para haceros, venerables Hermanos y amados Hijos, esta advertencia, porque son muchos los que creen o aparentan creer que nuestras condenaciones se limitan solamente a Nuestra Diócesis, siendo así que esta revista teatral y otras varias que se nos han denunciado, y que son análogas a ésta, están terminantemente prohibidas por el derecho natural, y obligan en conciencia a toda clase de personas y de todas las regiones del mundo, háyanla, o no, prohibido por decreto especial, los Obispos de aquellas diócesis”. (Montijano Ruiz, 2024a: 305-314).
Tampoco se quedó quieta la censura con respecto al aparato publicitario que empleaban los empresarios para promocionar sus espectáculos de revista. Vallas, pasquines, programas de mano... muchos de ellos se vieron afectados al tener que retocar fotos de vedettes de pecho descomunal o algo ligeritas de ropa. Celebradas a este respecto fueron las marquesinas de teatros como el Madrid de la capital española cuando en 1951 se estrenase la revista ¡Tentación!, ya que en su columnata de entrada aparecía una gigantesca figura corpórea de su principal y exuberante vedette, la cubana María de los Ángeles Santana, exhibiendo muslo más de la cuenta, así que, tras la correspondiente llamada de atención del censor de turno, su empresario y autor de la obra, Manuel Paso, tuvo que cubrir parte de su torso con una no menos elegante y gigantesca piel que pudiera cubrir un poco más a tamaña figura (Fig. 31). Caso semejante acaecido para el estreno de la revista ¡Ay, qué trío! (1955), en la que se repartieron miles de fotografías de la supervedette Gracia Imperio ataviada con un sexy vestido negro con escote “palabra de honor” y una enorme abertura entre las piernas que dejaba traslucir buena parte de los encantos femeninos de la vedette (Fig. 32). La censura, para prohibirla, hizo pegar unos letreros entre las piernas, disimulando la abertura del vestido en el que podía leerse “¡Gran éxito!” (Montijano Ruiz, 2014: 126).
Encontrándose en Sevilla la compañía de revistas de Mariano Madrid, en ella se encontraban enrolados Raquel Rodrigo, un jovencito llamado Juanito Navarro y hacía su presentación en el mundo de la revista la exuberante Emilia Argüelles Catalina, artísticamente conocida como Gracia Imperio en la obra Gran Turismo (1950), de Fernando Díez y el maestro Rosillo, que en Madrid había sido estrenada por Virginia de Matos.
El debut artístico de Gracia Imperio no pudo ser más sonado, ya que tuvo un “cuerpo a cuerpo”, y nunca mejor dicho, contra la pacata censura de la época a causa de un gigantesco mural con su excitante silueta, que ocupaba toda la fachada del Teatro Cervantes de la capital andaluza. En la mencionada silueta, la posteriormente denominada “vedette de los ojos musulmanes” había sido retratada por el cartelista con demasiada generosidad a la hora de dibujar sus concupiscentes y turgentes senos, probablemente a efectos de taquilla. Nada más llegar a oídos de la autoridad pertinente, se ordenó el inmediato recorte de los senos de la vedette. Matías Colsada fue testigo de aquel hecho, ya que su compañía actuaba en el vecino Teatro San Fernando. Posteriormente declararía que al cartel “fue preciso rebajarle las medidas antropométricas del pecho” (Montijano Ruiz, 2014: 171).
Cuando en 1950 se estrena Esta noche no me acuesto, el número que posteriormente se denominaría “En la noche de boda” se titulaba originalmente “Las de Béjar”, por estar dedicada a ese pueblo salmantino. Tanto éxito obtuvo que cada vez que la interpretaba su principal baluarte, Carmen de Lirio, en los “ayes” que ésta exclamaba durante su ejecución, el público masculino enardecía, siendo prohibida por la censura durante todo un año en las emisoras de España (Lirio, 2008: 32).
El denominado “cómico de la gracia seria”, Pedro Peña, contaba en sus memorias la siguiente anécdota que bien puede servirnos como ejemplo para comprobar hasta qué punto llegaban algunos censores de la época:
Yo tuve un gran enemigo, que aunque ahora lo cuente como anécdota, en su día, por mucho que intenté explicar, exponer y aclarar... no me fue posible que me entendiera. Estoy hablando de un Inspector de Censura, que era de esas mentes podridas que se figuraban cosas que no eran tales, y a veces, más bien casi siempre, tenías que pasar por el aro y pagar una multa como me pasó a mí. ¡¡Ocho mil pesetas…!! ¡¡Medio mes de mi sueldo…!! Les voy a explicar el motivo de la multa.
Muchos de ustedes recordarán aquellos rápidos cambios de ropa que teníamos los actores de revista. En poco más de dos minutos de tiempo, tenías que cambiarte de camisa, corbata, pantalón y chaqueta, y volver lo más rápidamente al escenario. Y como además, no disponías de espejo para verte de cuerpo entero… y por si fuera poco, los pantalones no llevaban cremallera como ahora, la bragueta era de botones. Resumiendo: que yo llegué a ese cambio como pude, y al parecer, entre botón y botón de la bragueta, me salía un pico de la camisa y el inspector de censura, que estaba en la sala, llegó al escenario como una fiera diciendo que yo había salido enseñando una parte de la camisa a modo de “pilila”, y que eso, era una grosería…
Yo le di toda clase de explicaciones y tanto me cabreó que hasta llegué a decirle: “Pero dónde ha visto usted una ‘pilila’ a rayas de colorines…”. Y eso, todavía le enfadó más. La cuestión es que no me quedó más remedio que pagar con todo mi dolor, las ocho mil pesetas de multa.
Pasados unos meses, un compañero que estaba trabajando en un teatro de Valencia me contó que otro de esos inspectores de censura, al igual que a mí, le multó. En este caso fue por “morcillear”. En la discusión del compañero con el inspector, mencionó mi nombre diciendo que Pedro Peña “morcilleaba” en todas las revistas que representaba y jamás le habían multado por ello. A lo que contestó el inspector: “El señor Peña, efectivamente dice muchas ‘morcillas’, pero siempre de forma pícara, sin palabras malsonantes, y usted lo primero que suelta antas de nada es un ‘coño’ seguido de una palabra malsonante. También en las ‘morcillas’ siempre hay clases”. Y le cayó la multa. ¡¡Pues muchas gracias al señor Inspector!! (Peña Vázquez, 2012: 84-85).
Todos estos ejemplos nos conducen a una conclusión terrible, y a la vez, fascinante: no hay manera exacta de saber cómo era la revista musical española en realidad. No sirve leerse los libretos, saberse las canciones, suponer la intención que se buscaba con este o aquel número. Es imposible. La revista, como buen género o modalidad teatral, era una función que se inventaba sobre la marcha, que se llevaba dos años por las provincias para pulirla antes de pisar un teatro de capital, y cuando llegaba, ya era casi irreconocible texto en mano. Si a eso sumamos los estragos que causaba la censura, llegamos a entender que la revista es un misterio; pero un misterio en el que latían las rivalidades de muchos miembros de las compañía por conseguir ascender y mejorar de categoría artística, las penurias y desazones de unas chicas de conjunto que muchas veces no conseguían salir de la paupérrima situación económica en que se encontraban, del durísimo trabajo y esfuerzo diario que llevaba consigo el montaje y puesta en escena de toda revista, del dinero invertido y algunas veces no recuperado, de las interminables tournées por toda España yendo de pensión en pensión, de teatro en teatro para, simplemente, poder regocijarse con unas cuantas risas, el caluroso aplauso del público y, por supuesto, unas monedas para seguir subsistiendo. Tras las bambalinas y el complicado entramado de luces, colores y lentejuelas de la revista, latía una realidad mucho más triste, dura y pesarosa que la que los miles de artífices que la encumbraron pretendían hacernos creer tarde tras tarde y noche tras noche, cuando se alzaba el telón y la platea dejaba traslucir su interminable sonrisa (Montijano Ruiz, 2024b: 68).
Bibliografía citada
- Abellán, Manuel L. (1980). Censura y creación literaria en España (1939-1976). Madrid, Península.
- Lirio, Carmen de (2008). Memorias de la mítica vedette que burló la censura. Barcelona, ACV Ediciones.
- Ministerio de la Gobernación (1939). “Orden de 15 de julio de 1939 creando una sección de Censura dependiente de la Jefatura del Servicio Nacional de Propaganda y afecta a la Secretaría General”, Boletín Oficial del Estado, n. 211 (30 de julio): 4119-4120.
- Ministerio de Información y Turismo (1955). “Orden de 16 de febrero de 1955, por la que se regulan las autorizaciones y licencias para la representación de revistas y espectáculos arrevistados”, Boletín Oficial del Estado, n. 67 (8 de marzo): 1562.
- Montijano Ruiz, Juan José (2024a). Historia de la Revista. Córdoba, Almuzara.
- ___ (2024b). Gracias por venir. La revista musical en el cine y la televisión. Madrid, Diábolo Ediciones.
- ___ (2012). El Teatro Chino de Manolita Chen. Córdoba, Almuzara.
- ___ (2014). Las 1001 piernas. Anécdotas curiosidades y rumores de la revista musical española. Sevilla, Cultbooks.
- ___ (2010). Historia del teatro frívolo español (1864-2010). Madrid, Fundamentos-RESAD.
- Muñoz Cáliz, Berta (2005). El teatro crítico español durante el franquismo visto por sus censores. Madrid, Fundación Universitaria Española. [En línea]
- Oliva, César (2004). La última escena. Teatro español de 1975 a nuestros días. Madrid, Cátedra.
- Ortega Martí, Adrián (s.f.). “La española cuando besa”. Venturas, aventuras y desventuras de un cómico. Memorias inéditas mecanografiadas.
- Peña Vázquez, María Isabel (2014). Pedro Peña. De “el cómico de la gracia seria” al abuelo Manolo. Memorias. Barcelona, Carena.
- Román, Manuel y Ángel Galván (1999). Fernando García Morcillo. De profesión, músico. Madrid, Fundación Autor-SGAE.
- Salazar López, José María (1966). Diccionario legislativo de Cinematografía y Teatro. Madrid, Editora Nacional, Serie Jurídica.
