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El Foco

Bódalo y Alexandre abren el CDN

15.10.2021 1978: 'Bodas que fueron famosas del Pingajo y la Fandanga'

Cuando José Luis Gómez recibe el encargo de inaugurar una nueva institución, el Centro Dramático Nacional, en 1978, lo hace con una obra de uno de los autores más importantes del momento, José María Rodríguez Méndez, y encabeza su reparto con dos veteranos inolvidables de la Historia del Teatro en España: José Bódalo y Manolo Alexandre.

Para muchos aficionados al teatro en España, José Bódalo ha sido un referente de los años sesenta y setenta, por su trabajo continuado en el Teatro María Guerrero a las órdenes de José Luis Alonso y por las muchas y sobresalientes intervenciones que tuvo en los dramáticos de televisión, los célebres Estudio 1. Bódalo (Córdoba, Argentina, 1916-Madrid, 1985) había debutado en 1947, era hijo de actores, estaba en el oficio desde siempre y fue siempre capaz de ponerse a las órdenes de directores muy exigentes y poner al día su modo de trabajar. Así fue durante diez años con Alonso y así fue en sus últimos años con José Luis Gómez, que volvería a contar con él para protagonizar La velada en Benicarló. Nuestra revista Figuras recuperó una entrevista con el actor de 1981.

Manuel Alejandre Abarca (Madrid, 1917-2010) tuvo tanto éxito en cine y televisión (Cerca de doscientos cincuenta trabajos entre los dos medios) que apenas se menciona, cuando se habla de él, su larga carrera en paralelo sobre los escenarios. Más de medio centenar de obras a lo largo de sesenta años de profesión. En el homenaje que publicamos en la Revista Digital de la Escena 2010 se ofrece una pequeña nota biográfica, quince fotografías, una grabación de su voz y dos fragmentos de video. Apenas unos detalles para no olvidar a un actor inmenso.

Sobre el estreno de esta obra, ofrecimos una nota detallada en nuestra sección de Efemérides.

A Bódalo y Alexandre los acompañan en este fragmento otros dos extraordinarios actores: Fidel Almansa y José Vivó.

Que usted lo disfrute.

 

Fue el día 17 de junio de 1971, hace medio siglo.

El Boletín Oficial del Estado, en su página 9784 decía: “La consideración del relevante interés general de las actividades teatrales con su evidente influencia en la formación artística, cultural y social de la comunidad nacional, hace aconsejable adoptar las medidas necesarias para asegurar la conservación de los documentos y medios creados a través de su historia y la constancia de las manifestaciones escénicas de nuestro tiempo, a fin de evitar la pérdida o dispersión de los vestigios de una labor, unos esfuerzos y unas aportaciones de los que, en muchos casos, apenas queda constancia…” así comenzaba la orden de 9 de junio por la que se creaba en la Dirección General de Cultura Popular y espectáculos un Centro Nacional de Documentación Teatral.

El Centro recibió materiales documentales de los diferentes departamentos – incluida la Junta de censura, lo que hoy es un tesoro singular – y adquirió un buen número de libros que fueron la base de la actual biblioteca. “Poco más se puede recordar de aquella etapa, salvo las buenas intenciones y la clarividencia sobre lo obvio que supone arbitrar un sistema capaz de dejar constancia de actividad tan frágil y escurridiza como es el teatro”, escribía Moisés Pérez Coterillo en el número 0 de la revista El Público, que fue durante diez años, desde su aparición en 1983, el buque insignia de este Centro de Documentación Teatral.

En un libro que se publicará en este año, repasaremos las diferentes etapas de esta institución con los que han sido sus  directores: César Oliva, Andrés Peláez, Cristina Santolaria y Julio Huélamo.

Antes de que aparezca esa publicación, queremos compartir con quienes siguen nuestra web y nuestros medios, desde este junio hasta que finalice el año, algunos tesoros de un fondo documental único: junto a nuestro archivo de más de un millón de documentos, que incluye unas cuatrocientas mil fotografías; junto a nuestras publicaciones y nuestro gestor de bases de datos, tal vez el más singular de nuestros fondos son las cerca de diez mil obras grabadas en vídeo, una parte de las cuales se pueden disfrutar en una plataforma pionera en este tipo de servicio, la Teatroteca.

Hemos elegido doce fragmentos inolvidables. Podríamos haber elegido mil, así de rico es nuestro fondo y así de rica ha sido la historia de nuestro teatro desde que, hace más de cuarenta años, venimos registrando en soportes audiovisuales la realidad del teatro en nuestro país.

Son doce viajes con grandes obras y grandes intérpretes. Doce tesoros