logo Ministerio de Cultura - INAEM logo CDAEM
logo Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática - España en Libertad 50 Años

El hogar familiar, ¿un lugar donde se respira a pleno pulmón o se ahoga por falta de aire, donde a uno le crecen las alas o donde se las cortan?

Joanna Mánkowska

Página 3

Cuando, al recibir la primera bofetada, se decide por fin a denunciar, la asistente social no da importancia a su caso, al oír que Ella no recibe una paliza a diario, como otras mujeres cuyos casos le deja conocer con el fin de convencerla de que lo que le pasa a ella les pasa (o puede pasar) a todas las mujeres a los siete años de matrimonio (Fig. 12). Tal actitud frente al problema, que aparece como reflejo de las creencias tradicionales acerca de los roles del hombre y la mujer en la familia, de la violencia de género dentro de ella y de una legislación que favorece al esposo y desprotege a la mujer, hacen creer que Ella está condenada a vivir encerrada en su hogar al que compara a un infierno: “De puertas afuera, todos ignoran que nuestros hogares son un infierno” (392). Hogares en los que las mujeres, muñecas de sus esposos, se ven forzadas a aceptar interpretar el papel que se les imponga. Ella odia que su marido la llame “muñeca”. A lo mejor porque con él se siente un ‘títere’, ser sin voluntad y vida propia: “Me había habituado a estar siempre cerca de él. Tal era mi grado de dependencia, que había dejado de ser yo misma. Así era como él me quería. Sin ideas propias. Sin amigos.” (375), obligado a moverse como le mande su dueño, que no reconoce su dignidad ni respeta su sensibilidad (Fig. 13).

Sin embargo, la protagonista de Ella se va hace hincapié en la analogía de su propia situación vital y la de Nora, protagonista de la Casa de muñecas ibseniana: heroína cuyo ejemplo Ella promete seguir un día. Se lo promete a sí misma y a la protagonista de la obra del autor noruego, publicada en 1879, mirando la cara de la actriz que la interpreta en una de sus adaptaciones cinematográficas, cuando sigue esta historia en la pantalla de su televisor en la penumbra de su salón6. Pero vistas las circunstancias cree que un portazo semejante al que años atrás dio Nora en una realidad distinta a la suya, ella, una mujer española, puede darlo solo en su imaginación. Dice que aún “es pronto” para darlo en realidad. Pronto porque ya ha comprobado que no podrá contar con la ayuda, y menos aún con la comprensión, ni siquiera de otras mujeres, que  ̶ como pudimos ver la escena con la asistente social ̶  sufren algo similar pero aguantan y callan, se resignan a aceptar su destino creyendo que es el que en este mundo les toca a las mujeres. La protagonista de López Mozo parece creer que su portazo, incluso si lo diera, no conmovería “los cimentos de la sociedad” (414), como lo hizo el de Nora, que fue “como un aldabonazo en la conciencia de muchas mujeres” (390). Teme que el suyo apenas se escuchara y Ella no quiere que otra mujer comparta su experiencia cuando ella ya se haya ido. Lo último el autor de la obra no parece ver, no obstante, como fácil puesto que plantea la misma idea de una mujer muñeca, imagen que por aumentar la sensación de la falta de poder, de libertad, alude a la impotencia, la inmovilidad.7

Los personajes de ambas obras objeto de estudio, Ella se va y El Gran ceremonial, solo en los sueños se dan derecho a abandonar sus hogares, en los que sienten ahogarse, sufren la opresión por parte de los que deberían cuidar de ellos, protegerlos, quererlos. Ella se imagina recuperar su libertad e impedir que su esposo haga más víctimas, a que otras “Noras” encuentren su prisión en el hogar que Él les ofrezca, como a ella años atrás. Para ello finge ser víctima mortal del “amor” de su marido y de su concepto de matrimonio. Le manda a la asistente social las fotos de su cara desfigurada por los golpes recibidos (en realidad es un maquillaje), le cuenta los supuestos maltratos que le hizo sufrir su marido y expresa su miedo de no salir con vida la próxima vez que le propine una paliza su esposo “ejemplar”. Las marcas de golpes por fin logran convencer a la asistente de que Ella efectivamente padece violencia. La esposa desaparece de su hogar-infierno al escuchar que la policía, alarmada por la asistente que no consigue contactar con Ella y la cree muerta por su marido, viene a registrar el piso, antes de que Él pueda quitar de en medio los objetos que la protagonista abandonó allí con el fin de presentar a su marido como el autor de su supuesta muerte. Luego se dirige hacia una pared oscura en la que se insinúa un hueco luminoso. Pero es una escena “imaginada por ella” (403) (Fig. 14, Fig. 15, Fig. 16).

Trinidad, de Ana Fernández Valbuena

Al final de la obra de Jerónimo López Mozo, la protagonista que se escapa de su hogar familiar ve una pared oscura; en cambio, las protagonistas de Trinidad, de Ana Fernández Valbuena, obra estrenada en 2014 (Fig. 17), al inicio de la obra son unas afortunadas que, por una ventana abierta de su hogar, ven un cielo azul. Observan también a una pareja que disfruta de unos fugaces momentos de felicidad en el parque ubicado frente a su casa (tal vez no sea una pareja “legal”, a juzgar por el lugar, la hora temprana, y el carácter, pasional y al parecer furtivo, del encuentro). Sin embargo, Sole y Trini, en su pisito en la última planta sin ascensor, tampoco disfrutan la libertad, ni les crecen las alas debido a la felicidad que les diera el convivir.

Antes de haberse venido abajo el negocio de la mayor de ellas, que se llama Soledad y fue una modista con muchas clientes  ̶ la otra trabajaba para ella como oficiala ̶,  vivían en una planta más baja en un piso con teléfono. Ahora, sin teléfono, el contacto con el mundo se les hizo difícil. Pero sus antiguas clientes no solo no llaman; tampoco vienen para ver qué quedó de su antiguo taller en unos tiempos en que las tiendas ofrecen ropa de moda a buen precio. Al disponer de recursos cada vez más escasos, por haber perdido su clientela, las mujeres apenas salen. Hablan de salir a dar un paseo, pero se quedan en casa. Tal vez el sentimiento de un fracaso profesional  ‒quizá también personal‒ hace que no quieran relacionarse con la gente (igual que la protagonista de López Mozo, que no se decide a reanudar las antiguas amistades, cuando queda claro que su matrimonio no prosperó). En su modo de vivir, encerradas en su pequeño piso en el que toman café sin azúcar porque no queda y leen la misma revista durante semanas o meses, puede también influir el hecho de que forman una pareja lésbica viviendo bajo la dictadura franquista (Fig. 18). Además, no forman parte del bando de los vencedores y la más joven es hija de los padres que murieron por combatir por la República  ̶ el padre, en el frente y la madre se colgó en la Cárcel Provincial. Debido a su “mala sangre” cree no poder conseguir el pasaporte para ir un día a estudiar en París para hacerse allí una costurera famosa, como desearía su amante.

Varios factores determinan, por tanto, que las mujeres vean su libertad limitada. Respecto a Trini, Sole, su amante y protectora, su madre adoptiva8, parece presentarse como su única oportunidad de salir adelante. A su vez, la joven llena de energía y alegría es lo más valioso que a Soledad le queda de su antigua vida, la que recuerda como gloriosa: una vida de la dueña de un taller de costura de renombre. Le queda Trini, recuerdos y sueños de un futuro mejor. También en esta obra los personajes se escapan por medio de estos últimos espacios que habitan, sus hogares en los que, en lugar de vivir plenamente y de respirar a pleno pulmón, más bien vegetan con una sensación de falta de aire, y eso a pesar de compartir el espacio vital con seres queridos. Soledad sueña con que Trini haga carrera en Francia y más tarde, cuando la vida de las dos mujeres toma un giro inesperado, sueña con irse ella misma muy lejos del hogar donde no espera ya otra cosa que ver sus ilusiones perdidas, sus deseos frustrados.

Dicho giro inesperado en la vida de la pareja se produce a raíz de la visita, en su pisito-taller, de Ángela, una viuda muy rica, que para Sole y Trini se convierte enseguida en su ángel protector, y al mismo tiempo, para su relación, resultará ser como un “ángel exterminador”, ya que la joven y guapa viuda es otra lesbiana enamorada de Trinidad, de la que quisiera cuidar, y para poder hacerlo tendrá que acoger en su casa también a Soledad, su madre adoptiva y amante. Las mujeres deciden formar un menage à trois, un trío o una “trinidad” que al principio prospera, o parece prosperar: Soledad, con el dinero de Ángela, monta un negocio de moda, abre una tienda, parece que hace lo con que soñaba; Ángela y Trini pasan su tiempo tocando el piano y cantando, relajadas y alegres; las tres salen todas las tardes al casino o/y al cine, se reúnen con la gente. Pero parece que es siempre la misma gente y las mismas son las diversiones que parecen ser obligatorias para las mujeres con dinero, que ahora son todas las tres (Fig. 19, Fig. 20). Otra vez la rutina las va matando lentamente y eso hasta que Sole le informa a Ángela de que quiere marcharse; a Trinidad ni piensa informarla. Quiere escaparse sin avisarla la mañana siguiente, pero antes, para evitar que Trini la siga, decide vendérsela a Ángela –le propone a Ángela que esta le devuelva el dinero que, durante los diez años en que la joven vivió con ella, gastó en formarla, alimentarla, vestirla etc. No sabemos si finalmente Soledad consigue realizar su plan (aunque Ángela, tras una serie de dudas, acepta su propuesta), porque a las protagonistas las perdemos de vista en el momento en que Trini y Sole bailan, y si queremos interpretar el acto de bailar como lo hace Juan Eduardo Cirlot que, en su Diccionario de símbolos, recuerda que la danza es

imagen corporeizada de un proceso, devenir o transcurso. (...) en cuanto arte rítmico, es símbolo del acto de la creación (56?). Por ello, la danza es una de las antiguas formas de la magia. Todo danza es una pantomima de metamorfosis ( ...) que tiende a convertir al bailarín en dios, demonio o una forma existencial anhelada. Tiene, en consecuencia, función cosmogónica. La danza encarna la energía eterna (...). Las danzas de personas enlazadas simbolizan el matrimonio cósmico, la unión del cielo y de la tierra (la cadena) y por ello facilitan las uniones entre las hembras y los varones (51). (Cirlot, 2016: 168).

podemos, de un lado, esperar que la danza estrechara su relación, pero por otro lado, que les de un impulso a buscar otros caminos en la vida, ya por separado. (También en el primer acto hay una escena de baile, y las que bailan son Trini y Ángela; la primera aparece por entonces como incitadora y será la que, para las tres, iniciará una nueva etapa de vida: formarán una trinidad)9.

Sole, Trini y Ángela, mujeres que, conviviendo, cometen una serie de transgresiones del modelo tradicional de familia (las tres forman una pareja sentimental, todas son del mismo sexo, la madre adoptiva vende a su protegida y amante a su otra amante), se encuentran en una situación vital a la que caracteriza una privación de libertad, que se manifiesta en una forma de aislamiento social y de encierro pero también en obligaciones sociales y que se debe a una serie de factores socio-políticos, económicos y culturales que condicionan la vida de su país (Fig. 20). Ángela, que forma parte de quienes ganaron la contienda, pasa años “encerrada” en un matrimonio de conveniencia, ocultando sus inclinaciones naturales para no correr el riesgo de verse perseguida y ser víctima de un ostracismo social; Trini, hija de republicanos, heredera de la “culpa” de sus padres, ve limitadas sus oportunidades de carrera profesional y de ascensión social; Sole interpreta el colapso de su negocio como efecto del desarrollo de la industria textil, pero este puede deberse igualmente, al menos en parte, a su situación familiar o sentimental que en la España franquista la condena a la marginación, en el mejor de los casos. Todas son víctimas de la historia, de la situación política y social y de los cambios económicos que tienen lugar en España; todas sufren la falta de libertad. Trini, la menor, de las tres, víctima de la guerra civil y sus secuelas, cuya libertad se ve limitada por los acontecimientos históricos, es la que se acomoda más fácilmente a los cambios de situación. Tal vez crea que lo único que pueda ofrecer, a cambio del amor y la protección que le dan sus amantes, es su entusiasmo juvenil, su energía, su buen humor. Parece estar siempre contenta, contrariamente a Sole, que nunca lo está. Siendo pobres, Sole y Trini apenas salen. Luego, su privilegiada situación económica, el éxito profesional al parecer las obligan, como a Ángela, a salir todas las noches, aunque no les apetezca, lo que puede pasar asimismo por otra forma de falta de libertad.

Un hogar como el que forma esta trinidad corre, obviamente, un gran riesgo de quedar destruido a causa de los factores políticos y sociales. Sin embargo, igual que en el caso de las familias hasta cierto punto conformes al modelo de familia tradicional (aunque solo hasta cierto punto, porque son incompletas  ̶en el primer caso falta el marido, en el segundo, los hijos ̶  y disfuncionales) presentados antes, la destrucción de las relaciones no se debe solamente a circunstancias externas: el modo de pensar conservador, la tradición, la religión, la legislación etc... de la España franquista, sino también al carácter de los miembros de la familia. Es consecuencia de ciertas posturas que el ser humano toma  ‒a veces a pesar suyo‒ debido a su naturaleza innata; también de la rutina diaria, la monotonía de la vida que lleva, las que acaban por matar el entusiasmo y la creatividad, por un lado, y de una eterna insaciabilidad, el deseo de progreso, de cambios continuos que al ser humano le den la sensación de vivir de un modo más intenso. Soledad acepta a Ángela como la tercera en su relación con Trini cuando ve que la rutina y el aburrimiento, tal vez más que la pobreza, amenazan con destruir esta relación. En la vida necesita cambios continuos. Al final de la obra, Trini teme que Soledad planee volver a darle a su vida un nuevo rumbo, lo que esta vez podría equivaler a una separación. Cuando Sole dice: “¡No podíamos seguir viviendo así día tras día! Esto ya no nos basta”, su reacción es: “¡Soledad...! ¡Otra vez! (la abraza muy triste), a lo que su amiga le contesta: “¿Qué otra cosa podía hacer yo con todo esto? ¿Qué?”. Y luego, como dice el texto: Juntas, bailan en la noche, hasta que la música se pierde. (Fernández Valbuena, 2014: 93) (Fig. 21, Fig. 22).

Entonces aquí también la vida en común corta las alas. Una vez más, el hogar no es un lugar acogedor en el que se disfruta la vida en familia: cuando Trini y Ángela cantan juntas, Sole está descontenta, cuando las tres se quedan solas, al dar Ángela unos días libres a su criada, se quejan por tener que cenar cada noche la ensalada de escabeche, pero ninguna se decide a cocinar lo que les permitiría no tener que salir a cenar fuera cuando realmente eso no les apetece.

Conclusiones

Resumiendo los resultados del estudio de tres obras elegidas constatamos que ninguno de los tres hogares, ni los que aparentemente respetan los valores tradicionales, ni el que los niega, hace que a los familiares les crezcan las alas. Es más bien un sinónimo de opresión. Con su aire viciado resulta imposible respirar a pleno pulmón, y permanecer allí equivale a una esclavitud. La maternidad aparece como una de sus formas, es un modo de encerrar a una mujer en su hogar –en López Mozo, el marido tiene la idea de adoptar a un hijo cuando Ella ya está del todo decidida abandonarlo. (Antes le propone el sexo como una forma de gratificación o un aliciente para que se quede). Las madres de la obra de Arrabal, que se empeñan en esclavizar a sus hijos, se hacen ellas mismas sus esclavas –recordemos que la madre de Lys se ata una pierna a la de su hija para que esta no se escape del hogar por la noche.

En las obras estudiadas los protagonistas no consiguen satisfacer sus necesidades vitales. Cavanosa no tiene contactos sexuales normales. Ella no puede ser madre y el marido intenta impedirle que se realice profesionalmente. La protagonista de la obra de López Mozo deja su hogar paterno para venir a vivir con su futuro marido esperando encontrar en un nuevo hogar que formará con Él la libertad –como aclara, en su casa paterna siempre hubo alguien y mucho ruido, nunca pudo estar sola. Soledad siente una insatisfacción permanente, siempre quiere más y desea algo distinto a lo que tiene, necesita actuar, verse independiente, libre.



6 Llama la atención que desde el principio hasta el final de esta obra, los personajes insisten en unas semejanzas que encuentran entre ellos mismos y los personajes de las películas que han visto o están viendo. Él se considera un Bogart y a Ella la ve como un personaje femenino interpretado por Bergman o Bacall; Ella, al ver una versión cinematográfica de Casa de muñecas, se compara con Nora y a su marido con el esposo de esta, Torvald Helmer. Esta referencia clara al mundo del cine no nos debe sorprender, puesto que la vida de los personajes de López Mozo es una vida de apariencias; su comportamiento hace pensar en la actuación de los actores que se ven obligados a seguir un “guion”, a saber, acomodarse a las reglas en vigor, interpretando sus papeles de un esposo y una esposa ejemplares en una “película” sobre la felicidad matrimonial, en realidad, aparente. También cuando se encuentran solos en su hogar, los protagonistas de Ella se va fingen ser quienes no son para provocar en su pareja posturas, acciones y decisiones que esperan de ella.
7 La muñeca, presentada como una mujer ideal por quienes basan las relaciones sentimentales en la violencia y la falta de respeto hacia los derechos del otro, aparece también en El Gran ceremonial. Recordemos que la madre de Cavanosa, muy celosa de su hijo, acepta, sin embargo, que este tenga las relaciones sexuales con unas muñecas de tamaño natural. El mismo Cavanosa, que guarda en un pequeño ataúd una muñequita con la cabeza cortada, explica que la quería mucho por lo que la tuvo que matar (Arrabal, 1986: 127). El “amor” es aquí una justificación de la violencia, que puede incluso provocar la muerte. Él le amenaza a Ella con matarla si intenta abandonarle.
8 A Trini la mandaron al taller de Sole cuando tenía solo 14 años y durante mucho tiempo vivieron juntas bajo la excusa de que les salía más económico convivir porque la casa fue al mismo tiempo su lugar de trabajo.
9 En la obra de Fernández Valbuena, la música acompaña a las protagonistas todo el tiempo: la escuchan en una vieja radio que se apaga y enciende cuando quiera, en los tiempos de penuria económica, y cantan al lado de un piano, en los de la prosperidad.