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Figuras. Entrevistas de la escena

FIGURAS

Sara Baras. San Fernando, Cádiz, 1971. Bailaora, coreógrafa y directora de su propia compañía de baile flamenco.

(36´10´´)

Quienes han tenido la suerte de ver a Sara Baras sobre un escenario saben que el suyo es un baile racial, lleno de sentimiento, pasión y entrega total. Porque esta bailaora y coreógrafa, ejemplo de perfeccionismo, no escatima ni una pizca de su arte y fuerza creativa a la hora de ponerse frente al público (que, por cierto, la adora). Es la suya una creación muy personal en la que se percibe el respeto a los maestros y la tradición flamenca; también el afán por arriesgarse y fusionar el folclore más nuestro con nuevos ritmos y expresiones artísticas para hacerlo aún más grande. Con una compañía propia en la que se respira compañerismo y responsabilidad, encuentra la inspiración en todo lo que la rodea, en especial, su tierra gaditana, un ámbito vital lleno de azul y alegría. También estimulan su talento las mujeres fuertes, las haya conocido en realidad o sepa de ellas por sus andanzas históricas. Orgullosa de su espíritu flamenco, que concibe como una filosofía de vida, los aplausos siempre le saben a gloria.

  • Fecha: 17 de octubre de 2025
  • Lugar: Teatro EDP Gran Vía. Madrid.
  • Duración: 36´10´´
  • Operador de cámara: Etna Mov.
  • Realización y edición: Ana Lillo.
  • Entrevista realizada por: Rosa Alvares.

Fotografías

  • Daniel Alonso, Antonio Castro, Paco Lobato, Ros Ribas, Sofia Wittert

Músicas

  • Documentary Mas Allá de la Esperanza PremiumBeat
  • Spain Intro Katcamusic
  • Fondo flamenco Honeylemon
  • Guitarra española BeardMusicStock
  • Guitarra española Lofi Victormusic
  • Documentary Intriguing Ambient La Repetición

Agradecimientos

  • Sadler’s Wells Digital Stage & Studio, expoflamenco.com, Festival Jardins Pedralbes, cordobaflamenca.com, Festival Internacional Teatro Clásico de Mérida, New York City Center, Sara Baras: Todas las voces. Nadie es perfecto, Blindspot, Sara Danza, IVAC, SUICAfilms

La niña que echó sus pies a volar

Hay en su ADN personal y profesional, una mágica mezcla de rectitud, compromiso, fantasía y arte. No podía ser de otro modo, teniendo en cuenta que la niña Sara Baras creció en una familia marcada por el ejemplo de creatividad de su abuelo (el pianista Ricardo Baras) y su madre (Concha Baras, profesora de baile), así como por el modelo de responsabilidad y rectitud de su padre, miembro del Ejército. Ambas esferas, aparentemente incompatibles, calaron hondo en la cría, para la que el baile empezó como un juego. Su madre comenzó a dar clases en el colegio donde Sara y su hermana estudiaban, y después acudía a la academia materna para seguir aprendiendo y alimentando su pasión hacia el arte. Pronto se subiría a las tablas, haciendo de telonera en diversos festivales flamencos junto a sus compañeros de Los niños de la tertulia, un grupo infantil que montó su madre. Eso sí, nada de cobrar por ello: si acaso, algún regalito que los críos recibían con entusiasmo. “En aquellos festivales vimos por primera vez a Manuela Carrasco, a Camarón, a Morente… Imagínate, cinco niños tan pequeños, con nueve o diez años… Para nosotros aquello era un regalazo”.

Con solo 14 años, le llegaría una oportunidad de oro: entrar en la Compañía de Manuel Morao, con el que actuaría entre otros escenarios en el Festival Flamenco Alhambra 89, en Granada, en el teatro Eduard VII de París, en La Cartuja de Sevilla durante la Expo 92, o en el teatro Town Hall de Nueva York. De aquella experiencia le quedan grandes aprendizajes, no solo en cuestión de baile, sino también para su propia vida, como que el flamenco, además de ser un arte, es también una filosofía vital; que los grandes siempre deben apoyar a quienes empiezan dándoles su espacio, y que no se había equivocado al abrazar el baile como su máxima vocación.

Poco a poco, Sara Baras fue haciéndose su propio hueco entre las máximas figuras: Enrique Morente, Paco de Lucía, El Pele, Vicente Amigo, Antonio Gades… Y participó en las compañías de Paco Peña, Merche Esmeralda, Antonio Canales y El Güito, con los que siguió nutriéndose en su arte. De una forma orgánica y natural, llegó el momento de dar su personal visión de la vida y el flamenco a través de sus propios pasos, creando su compañía en 1997, mientras seguía participando en las de otras figuras: “Fue una locura de trabajo, pero también una maravilla. Sentir que estás realizando el sueño que has tenido desde niña, y al lado de grandes maestros, aquello era un no parar de aprender. Creo que nunca bajé la guardia, que siempre estuve preparada para las oportunidades que iban apareciendo. Eso es algo que les repito a las chicas jóvenes que están empezando: siempre hay que estar preparada porque todo pasa muy rápido y, si no lo estás, quizá no haya otra oportunidad”. Arrancar su compañía también fue una aventura: desdoblarse en mil tareas que pasan inadvertidas para el público, además de todo ese mundo artístico que luego brilla sobre la escena. Sensaciones, Sueños o Sabores son solo tres de los grandes títulos con los que Sara Baras ha hecho vibrar a quienes ocupan sus butacas. Espectáculos que, respetando la tradición, han dado un paso más allá para reflejar su impronta, con un rigor técnico absoluto, pero también dando espacio a otros ritmos y a otros ámbitos artísticos que, con su maestría, maridan a la perfección. “Tú tienes que aprender, tienes que saber qué estás haciendo; después, dejarte llevar por lo que sientes. Ahí aparece tu propia personalidad, eso te hace verlo todo desde un punto de vista diferente, pero sin olvidar quién eres”.

La fusión como fuerza creadora siempre es positiva, y nuestra protagonista lo ha demostrado con el ejemplo. Mezclando sabiamente danza y lírica, como en su trabajo con los tenores Josep Carreras o Plácido Domingo; en espectáculos con cantantes de muy diversos registros, entre ellos, Chavela Vargas, Alejandro Sanz o Raphael, así como con músicos clásicos de la talla de Rosa Torres Pardo y el mismísimo Mstislav Rostropovich. Todos ellos han enriquecido su talento, casi tanto como sus eternos referentes: Camarón, Paco de Lucía, Enrique Morente... También pertenece a ese ámbito casi sagrado de los que ella considera maestros con mayúscula el director de cine Carlos Saura, con quien colaboró en Iberia con Albaicín, una coreografía propia. Y, por supuesto, no pueden faltar en ese universo inspirador aquellas mujeres fuertes –cercanas a ella o pertenecientes a la Historia– que tanto le aportan. Sin duda alguna, Juana La Loca, Mariana Pineda y Carmen, a las que ha prestado sus pies y su baile sobre las tablas. Romper moldes, hacer añicos los techos de cristal a fuerza de arte. Como otra de sus musas, Carmen Amaya, primera bailaora que se puso pantalones para actuar, ejemplo que siguió ella misma.

Baras es sumamente fuerte, dentro y fuera de la escena. Si hay un momento en el que lo demostró con creces fue durante una representación de su espectáculo Alma, el día que su padre murió. “Yo le prometí que, cuando llegara ese momento, no cancelaría, que levantaría el telón. Y lo levanté, algo de lo que me siento muy orgullosa. Principalmente, por él, pero también por la lección que das sobre el compromiso que has creado con este trabajo. Primero cumples, después, te vas a llorar a tu casa”. Aquel montaje, fusión de flamenco y bolero, dedicado a su padre, marcó un antes y un después en su vida. También en su carrera. Y el público sabe recompensar con aplausos esa responsabilidad, ese saber estar y esa generosidad que ella imprime a cuanto hace. Tiene a gala que sus compañeros de profesión la consideren una buena persona. También su compromiso con aquellas causas solidarias en las que cree, como la Asociación Mi Princesa Rett, la Fundación Síndrome de Down o las ONGs Entreculturas y Acción contra el Hambre, entre otras iniciativas. “Si mi baile puede ayudar a alguien que lo necesita, yo encantada. Siempre digo que ayudar no es una obligación, ayudar es un auténtico privilegio". Apoyarlas le proporcionan una recompensa tan inmensa como recibir un premio, algo habitual en su carrera, con galardones como el Premio Nacional de Danza, la Medalla de Oro de Andalucía y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. O como la de escuchar los aplausos al final de una representación. “Si supierais lo bonito que se ve al público feliz desde el escenario…”, dice con una franca sonrisa. Pura emoción. La misma que sentimos cada vez que ella se calza sus tacones y bailando nos hace soñar con personajes y lugares fascinantes donde es posible fundirse con sus sentimientos y con el espíritu de ese amado sur donde nació.

Por Rosa Alvares.

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