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Figuras. Entrevistas de la escena

FIGURAS

Isamay Benavente. La Línea de la Concepción (Cádiz), 1965. Gestora cultural y directora artística del Teatro de la Zarzuela.

(34´41´´)

Hubo un tiempo en que imaginó un futuro como actriz; pero el azar hizo que Isamay Benavente acabara siendo una de nuestras grandes gestoras culturales. Se dejó atrapar por el veneno escénico en aquel reducto de libertad y compromiso que fue el Teatro Independiente, y hasta montó compañía propia, con la que aprendió lo complicado que es poner en pie un montaje. Con todo, esa experiencia le demostró que ser gestora también era una forma de hacer teatro. La Expo de Sevilla 92 le permitió formar parte del equipo encargado de programar sus espectáculos en vivo. Todo un máster con el que llegó al Teatro Villamarta de Jerez, donde se curtió en crisis económicas mundiales y en ilusionantes proyectos, como el Festival de Jerez o el Centro Lírico del Sur. Más de 20 años después, muchos de ellos como directora gerente, decidió emprender una nueva etapa en el Teatro de la Zarzuela. Desde allí, como directora artística, difunde nuestro teatro musical más propio, sin complejos ni prejuicios, demostrando que los techos de cristal, a veces, pueden derribarse.

  • Entrevista a Isamay Benavente
  • Fecha: 25 de marzo de 2025
  • Lugar: Teatro de la Zarzuela. Madrid.
  • Duración: 34´41´´
  • Operador de cámara: Víctor Camargo.
  • Realización y edición: Ana Lillo.
  • Entrevista realizada por: Rosa Alvares.

Fotografías

  • Archivo Isamay Benavente, Esteban Abión, Tamara Pastora, Elena del Real, Pilar Santos

Músicas

  • Wear you sorrow by Apoxode c) copyright 2025 Licensed under a Creative Commons Attribution Noncommercial (ft. coruscate, Fireproof_Babies, Calyman, Morusque, ScOmBer, Snowflake)
  • Fondo ambiental documental por MusicLabProduction
  • Flamenco por raspberrymusic
  • Flamenco Guitar por AudioZen

Agradecimientos

  • Teatro Villamarta, Teatro Zarzuela, Ballet Flamenco de Andalucía, Turismo La Línea de la Concepción

El poder de derribar techos de cristal

Sentada en uno de los salones del Teatro de la Zarzuela, en Madrid, Isamay Benavente se reencuentra en la memoria con la niña que fue. Aquella que, en su Línea de la Concepción natal, no podía ver espectáculos en vivo, sencillamente, porque en esos años sesenta apenas llegaban compañías que se subieran a escena. Sin embargo, en el colegio público donde iba, sin casi darse cuenta, algo la cambió para siempre: “Uno o dos profesores nos inculcaron la pasión por el teatro; en clase, nos hacían construir todos juntos una obra que representábamos en un gran final de curso. Ese fue el principio de todo, de mi amor por las artes escénicas y por la idea de que eso servía para transformar, de algún modo, lo que sucedía a nuestro alrededor”. Teatro como afición, pero no contemplado como una profesión con la que ganarse la vida; al menos, delante de la autoridad paterna… “Soy de una familia de clase trabajadora en la que nadie se planteaba que yo quisiera ser actriz en un futuro. Sin embargo, internamente, deseaba hacer teatro amateur para después dedicarme profesionalmente a él. Es cierto que, como sacaba muy buenas notas, mis padres me dejaban hacer con bastante libertad. Eso sí, para ellos tenía que estudiar una carrera”.

Con la excusa de iniciar sus estudios universitarios de Derecho en Sevilla, ante la joven Isamay se abrió un mundo escénico inspirador. Su plan era matricularse también en el Instituto del Teatro para continuar la formación de arte dramático que había iniciado en el Conservatorio. Sin embargo, comenzó por su cuenta en la escena más independiente, y su interés por estudiar teatro de forma reglada desapareció; no así su pasión por él, que la llevó a montar su propia compañía formada solo por mujeres y autogestionada por ellas mismas. ¿Quién dijo que aquello sería fácil? Jornadas extenuantes yendo en coche de aquí para allá, montando escenarios, aceptando trabajos alimenticios que nada tenían que ver con la escena… Afortunadamente, la gestión cultural, a través de la Junta de Andalucía, se cruzó en su camino para aportar a su vida mayor estabilidad y también para demostrarle que se puede hacer teatro desde los despachos y las bambalinas, no solo desde las tablas. “Siempre he pensado que los mejores gestores son aquellos que aman el teatro, así que pensé que podía hacer un buen trabajo y encontré en esa vía una manera de seguir relacionada con las artes escénicas sin esa vida volatinera que llevaba”.

Apareció la Exposición Universal Sevilla 92, y con ella una fascinante programación de espectáculos en vivo que Isamay vivió como parte del equipo organizador. Tras ese máster intensivo que fue la Expo 92 para ella, emprendería nuevos retos, como la creación del Ballet Flamenco, Compañía Andaluza de Danza, dirigida por Mario Maya. Allí coincidió con Francisco López, fundamental en su posterior trayectoria profesional. “Trabajamos muy bien juntos. Por eso, cuando dos años después logró la plaza de director gerente de la Fundación Teatro Villamarta, en Jerez, me propuso participar en su proyecto”. Un maravilloso edificio de los años veinte sin actividad desde hacía demasiado tiempo; una propuesta escénica diseñada para un público deseoso de novedades, y una programación que incluía un nuevo ámbito para ella, el universo lírico. Lo que iba a ser un contrato por dos años se prolongó 24 años más, sustituyendo a López en 2008 como directora gerente. En esos 26 años, dos proyectos propios triunfaron en el Villamarta: el Festival de Jerez, dedicado al baile flamenco, y el Centro Lírico del Sur. “Descubrí la lírica muy tarde, en Sevilla”, recuerda Benavente. “Pero todo lo aprendí con Paco López en Jerez. Descubrí que en ese ámbito me lo pasaba muy bien. Me parece que la lírica es el espectáculo total: a mí el teatro me encanta y, si además le pones música, ya es lo más”.

Ganada absolutamente para la causa lírica, Isamay es una de sus máximas defensoras, tal como evidencia su nombramiento, en 2022, como presidenta de la Asociación de Teatros y Temporadas Líricas de España Ópera 21. “Creo que me eligieron por mi larga experiencia, pero decidí asumir el reto por visibilizar a las mujeres gerentes, que somos poquísimas en los teatros líricos, y eso me parece una anomalía”. Una postura muy coherente porque, si algo ha caracterizado su trayectoria es la lucha por la igualdad de género en el mundo de la escena. “En la gestión cultural somos más mujeres que hombres, pero ¿por qué hay más mujeres dirigiendo teatros que hacen otro tipo de proyectos y no centros líricos? Creo que tiene que ver con el dinero: los teatros líricos manejan presupuestos mayores; por tanto, tienen posibilidades de hacer otras cosas, de manejar otros poderes. O quizás sea porque son teatros con cuerpos estables y, a lo mejor, la inteligencia de las mujeres hace que no queramos estar en primera línea con tanto estrés. Nosotras tenemos que quitarnos un poco de presión, porque ellos no la tienen. Lo hacen lo mejor que pueden, y ya está”.

Romper ese temido techo de cristal es algo que Isamay ha logrado con nota siendo nombrada, en 2023, directora del Teatro de la Zarzuela, convirtiéndose en la primera mujer en este puesto en 167 años de su historia [merece la pena recordar que, en los años setenta, hubo un antecedente femenino, cuando Lola Rodríguez Aragón, como empresaria particular, dirigió la Zarzuela y programó dos temporadas]. Su proyecto para los cinco años que durará, en principio, su gestión pone el acento en la difusión, ya que cree que la zarzuela debe tener una presencia regular dentro y fuera de nuestras fronteras, en especial en Latinoamérica, con quien desea establecer un vínculo para que sus propuestas líricas lleguen a España. También apoya la creación femenina “para ir equilibrando un poco la balanza, porque las mujeres tenemos mucho que aportar en los discursos creativos”; poner en valor el repertorio y que en cada temporada haya algunos títulos clásicos en los que la gente se reconozca, pero ideados por otras miradas creativas, así como programar a autores con obra pendiente de estreno. Su objetivo, reivindicar la zarzuela como nuestro musical por excelencia. “Para mí está muy viva y hay que mirar ese género con todo amor. Quiero hacerla y verla con ojos actuales, con creadores y creadoras de hoy, con espectadores que se acerquen sin prejuicio”. Por la fuerza y determinación que Isamay Benavente ha demostrado a lo largo de su carrera, no cabe duda de que también logrará derribar este techo de cristal.

Por Rosa Alvares.

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