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María de la O Lejárraga (1874-1974): teatro, feminismo y vanguardia

María Francisca Vilches-de Frutos y Pilar Nieva-de la Paz (coords.),
Madrid, Guillermo Escolar, 2025, 302 pp.

Mario de la Torre-Espinosa Universidad de Granada
María de la O Lejárraga (1874-1974): teatro, feminismo y vanguardia, de María Francisca Vilches-de Frutos y Pilar Nieva-de la Paz (coords.)

La recuperación de nombres de escritoras de la historia de nuestra literatura está siendo una labor tan incesante como necesaria. Por un lado, para revertir el efecto del ocultamiento de muchas de estas figuras, cuya labor no obtuvo el debido interés durante los años en los que desarrollaron su labor creativa (ni durante la dictadura y años siguientes). Y, por otra parte, debido a que la sobresaliente obra de muchas de ellas ha recibido tan poca atención que aún se precisa de aproximaciones desde diversas perspectivas, especialmente cuando se trata de figuras de la trascendencia de la que protagoniza la monografía que nos ocupa. Hablamos de María de la O Lejárraga, o María Martínez Sierra como prefería ser llamada artísticamente, quien llegó a desarrollar una compleja obra (ensayo, poesía, teatro, novela, etc.) combinada con un activo papel político con repercusiones notables a pesar de haber muerto en el exilio y haber sufrido el olvido durante muchos años.

Con el objetivo de paliar esta injusticia nace este volumen colectivo editado con sumo cuidado por dos experimentadas y reconocidas investigadoras, María Francisca Vilches-De Frutos y Pilar Nieva-De la Paz. Algo más de cincuenta años tras su fallecimiento, las editoras sacan a la luz una obra que reúne algunas de las aproximaciones a su obra más oportunas hasta el momento, dando cuenta de la dimensión de sus aportaciones y la necesidad de situarla dentro del canon. Para ello, la obra se inaugura con un capítulo que desgrana las claves y los motivos que justifican la pervivencia de esta autora en nuestros días. En esta contribución, firmada por las editoras de la monografía, se exponen los motivos que justifican esta publicación, empezando por la necesidad de deslindar su responsabilidad artística de la de su exesposo, Gregorio Martínez Sierra, en numerosas obras, algunas de ellas con mucho reconocimiento y donde destaca un pionero pensamiento feminista que le llevaría, entre otras cuestiones, a ser diputada por Granada en las Cortes de la Segunda República, hecho que la abocaría al exilio durante la dictadura franquista.

Obviamente son ya muchos los trabajos publicados sobre su figura y obra, y un buen ejemplo lo constituye el esfuerzo dedicado a ello por Juan Aguilera Sastre e Isabel Lizarraga Vizcarra.  En su contribución recapitulan sobre sus trabajos a lo largo de estos años, sobre todo a cargo de reediciones de textos que han permitido nuevas aproximaciones a su obra en pleno siglo XXI y, sobre todo, que contribuyeron a que su nombre no cayera en el olvido, algo importante dada su relevancia en cuestiones como una visión feminista que rompía con los cánones de la época. Sobre esto último da buen cuenta precisamente Pilar Nieva-De la Paz en su capítulo, en el que revisa cómo un tema tan patriarcalmente marcado como el de la maternidad era reconfigurado en sus obras desligándolo de su naturaleza biológica, desarrollando un pensamiento feminista avant la lettre que habría de dar sus mayores frutos en los sesenta y setenta con la distinción entre sexo y género. Este ethos se manifiesta en una serie de obras donde se produce una ruptura con la idea del matrimonio como institución exclusiva donde desarrollar la maternidad, pues retrata personajes que superaban el estereotipo de la mujer ángel que había lastrado su representación durante siglos, como analiza María del Carmen Alfonso García a través del análisis de la novela Tú eres la paz en el capítulo siguiente, donde explica con claridad y agudeza cómo se subvierte el dominio de lo intelectual asociado al hombre y la exaltación emocional como condición de la mujer.

Entre las publicaciones que han permitido dar a conocer la trayectoria vital y artística de María de la O Lejárraga se encuentran aquellos estudios sobre su correspondencia con nombres importantes de la cultura del momento. Es el caso de Eugenio D’Ors, como analiza en su ensayo Francisca Montiel Rayo a través de misivas inéditas donde descubrimos la amistad que les unió, en un principio por inquietudes estéticas e intelectuales, y que perduraría en el tiempo a pesar de estar en planos ideológicos opuestos. Otros carteos tendrían un sentido diferente, como lo estudia Annette Paatz a través de la recepción hispanoamericana de Cartas a las mujeres y Nuevas cartas a las mujeres, unas monografías que compendian una serie de “cartas públicas” que fueron publicadas en prensa, y que continúan una tradición dieciochesca donde la condición femenina no era tema raro desde la visión educativa propia del Siglo de las Luces. Esta forma comunicativa, entre lo íntimo (lo epistolar) y lo público (publicación en medios de comunicación de masas), lograría en el caso de Martínez Sierra una amplia difusión a medida que la circulación de textos entre España y América del Sur se iba incrementando, dando lugar a un espacio de sociabilidad con resultados tan curiosos como Cartas a las mujeres argentinas, de Herminia Brumana, donde se constata la impronta lejarreguiana en su concepción y desarrollo.

Tras este capítulo se cierra el primer bloque, dedicado a su recepción y entrada en el canon, para adentrarnos en el segundo, y último, sobre su labor teatral. Para comenzar, Francisca Vilches-De Frutos realiza un completo estudio lleno de datos sobre cómo desarrolló una compleja trayectoria escénica entre la tradición y la vanguardia. Para ello analiza en qué consistió la “firma Gregorio Martínez Sierra” y distingue a partir de dos textos autobiográficos, Una mujer por caminos de España y Gregorio y yo. Medio siglo de colaboración, su propia concepción del espectáculo. Entre sus novedades se hallaría el dar voz a diferentes agentes (luz, sonido, escenografía…) o la introducción de técnicas innovadoras en busca de una teatralidad más patente y en relación con las vanguardias escénicas que se estaban desarrollando en la primera mitad del siglo XX. La investigadora realiza así una brillante compilación de los títulos y contenido de sus textos dramáticos, con especial atención a las acotaciones, y centrándose en algunos textos tan curiosos como Don Juan de España y la presencia de recursos como la metateatralidad o la ruptura de la Cuarta Pared.

Sobre la renovación que proponen sus creaciones escénicas sigue incidiendo Inmaculada Plaza Agudo, quien aborda la impronta del modernismo y del simbolismo en Teatro de ensueño, proyecto formado por cuatro piezas que dan buena cuenta de la atención prestada a lo que sucedía en la vanguardia del momento, algo potenciado por el conocimiento de idiomas de María de la O Lejárraga dada su completa formación, lo que le permitiría traducir a Maurice Maeterlinck, entre otros, y dejarse influenciar por su nueva concepción de la escena. Al mismo tiempo, sus obras constituyen un claro ejemplo de los intentos de romper con los roles de género asignados en aquellos momentos a mujeres y hombres, lo que demuestra lo arriesgado de estas producciones.

La atención prestada a la figura de María de la O Lejárraga en los últimos años es creciente, con repercusiones fuera del ámbito literario como puede ser el documental sobre su vida filmado por Laura Hojman. Pero también podemos ver cómo en el teatro y la narrativa aparece como personaje, ampliando su espacio biográfico. Sobre esto reflexiona Julio Enrique Checa Puerta en su contribución en solitario, que da buena cuenta de las formas que han intervenido en la construcción de su figura autorial, como la pieza Firmado Lejárraga, de Vanessa Montfort. Precisamente de otra de estas obras se encarga en su estudio Luisa García-Manso; hacemos referencia a Y María, tres veces amapola, María…, de Maite Agirre. La investigadora analiza, entre otros, los recursos metateatrales y metamnemónicos empleados en la pieza, logrando identificar sus relaciones intertextuales con obras de Lejárraga firmadas por Gregorio Martínez Sierra, destacando La hora del diablo, de clara reivindicación del deseo de las mujeres.

Como cierre, el volumen acoge un estudio, a cargo de Yasmina Yousfi López, sobre el estreno de Canción de cuna en Paraguay (1941) y Perú (1948). Estos dos casos ejemplifican perfectamente la recepción del teatro republicano en el exilio en los años cuarenta, así como se convierten en claros ejemplo de lo que Annette Paatz analizaba en su contribución sobre las “cartas públicas” a colación del espacio de sociabilidad entre España y América del Sur. Este valioso volumen cierra reconociendo la impronta de una autora cuya repercusión fue injustamente limitada debido a las restricciones asignadas a su género y su posicionamiento ideológico. Con ello, la monografía editada por Vilches-De Frutos y Nieva-De la Paz se consolida como una contribución esencial para situar a María de la O Lejárraga en el lugar que le corresponde en la historia literaria y teatral española, destacando su posición como pionera e intentando reparar la injusta recepción que ha tenido durante décadas.